El cine espiritual del año 2017

Como en otras ocasiones, llegado el comienzo del año, traigo a este blog la selección de cine espiritual, que hace anualmente Peio Sánchez, en el blog de Periodista Digital: “Cine espiritual para todos“. Un acertado ranking  de buen cine.

El top de este año de menor a mayor calificación

10) “Lo que de verdad importa” (2017, España) de Paco Arango

Una película para la buena-gente que está dispuesta a ponerse en marcha para echar una mano. Además en “Lo que de verdad importa” el compromiso en la lucha contra el sufrimiento está profundamente unido a la fe. Se trata de un film sobre la vocación trascendente a la que estamos llamados todos los seres humanos. Quien ve en esta película una apología de lo mágico y el curanderismo se equivoca. Lo que realmente presenta es la gracia divina que transforma el mundo. Así aparece la desolación del hombre sin Dios, el ensimismamiento en el dolor, la iglesia como lugar de consejo y acogida, el milagro como intervención ordinaria de Dios, el descubrimiento de la fe, la protesta jobiana ante el padecimiento, la esperanza en la vida eterna y el amor sostenido por la apertura a los débiles.

9) “All Saints” (2017, EEUU) de Steve Gomer 

Un comerciante engreído que se convierte en pastor protestante de una pequeña iglesia de Tennessee llena de problemas y que acoge a un grupo de emigrantes de Birmania. John Corbett, al que recordamos por Doctor en Alaska, realizando el mejor papel de su carrera. De la mano un buen guion sugerente (Steve Armour) y una correcta realización nos muestra como el Señor ayuda a los que se ayudan entre sí. En la línea del cine inspirador norteamericano basada en hechos reales y donde se resalta el sentido comunitario donde los objetivos comunes y el esfuerzo colectivo están amasados por la fe.

8) “Las confesiones” (2016, Italia) de Roberto Andò

Interesante película del director italiano Roberto Andò. El mayor atractivo reside en el punto de partida: un austero hombre de Dios colocado en el centro de las decisiones económicas del mundo. Lo más limitado: una factura excesivamente teatral que carga sobre el discurso y pierde confianza en la expresión del drama. Con un innegable sentido cristiano nos presenta la figura señera del cartujo Roberto Salus que tiene sobre sí la huella del papa Francisco. Las confesiones, título de resonancias agustinianas, mantienen su promesa. Ante Dios cabe una verdad diferente, una conversión última y urgente, que vuelva a las personas y cambie el rumbo que apunta destrucción.

7) “Una bolsa de canicas” (2017, Francia) de Christian Duguay

La obra testimonial “Un sac de billes” de Joseph Joffo publicada en 1973 y que fue un gran éxito editorial, con 20 millones de ejemplares vendidos, vuelve a las pantallas tras la primera adaptación (1975) de Jacques Doillon. En esta ocasión de la mano de un buen artesano que se pega a la historia y nos emociona con este viaje solitario y aterrador de dos pequeños judíos por la Francia ocupada en la II Guerra Mundial. Interesante desde el punto de vista interreligioso la ayuda de un sacerdote católico en la fuga de la familia y de los dos chicos. Mientras que la producción del film está apoyada por la Fundación para la Memoria de la Shoah.

6) “A Ghost Story” (2017, EEUU) de David Lowery

Vuelven los fantasmas con una sábana y dos agujeros en los ojos pero no se trata de una película de terror y tampoco de una comedia para cazarlos sino un ejercicio visual de tonos filosóficos. Una película sobre el sentido dela existencia desde la re-visitación de vida tras la muerte. Formalmente todo suena a pasado: formato casi cuadrado y redondeado, encuadres casi de cine mudo acompañados del viejo contrapunto musical. Pero esta apariencia vetusta propone cuestiones claves del sentido de gran actualidad entre el olvido y la memoria, la desaparición y la eternidad. La belleza formal al servicio de las preguntas abiertas.

5) “Dunkerque” (2017, EEUU) Christopher Nolan

El sello inconfundible de Nolan es su peculiar estilo narrativo. El primer frente narrativo de Dunkerque se despliega por tierra, en la playa durante la semana en la que hay que organizar la huida de 330.000 soldados. El segundo frente de la historia se desarrolla por mar, durante un día en un pequeño barco de recreo, que como tantos marcha al rescate desde las costas inglesas, con un viejo capitán y dos jóvenes ayudantes. El tercer frente de la epopeya se realiza en el aire, durante una hora, un pequeño escuadrón de pilotos procura contener la masacre que los cazas nazis realizan en la playa y entre los barcos. Esta fórmula narrativa potencia la intriga psicológica (otra de sus señas) y permite madurar hacia el clímax en medio de pruebas terribles, la derrota será vislumbre de la victoria, la debilidad mostrará la fortaleza.

4) “Wonder” (2017, EEUU) de Stephen Chbosky

Cine comercial con apuesta humanista. La discriminación por el aspecto del rostro de un pequeño fue el centro de la novela juvenil “La lección de August” de Raquel Jaramillo. Y de la peripecia de Wonder trata esta película que apuesta por valores de sentido como el reconocimiento del otro, el apoyo de la familia, la conversión y la asunción de la enfermedad. Con toques de humor de la mano de Owen Wilson y fondo de estrellas con Julia Roberts es una película interesante para los educadores. Una mirada a la educación, donde la diferencia puede ser una oportunidad y la belleza puede estar oculta

3) “La chica desconocida (2016, Francia) de Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne

Frente a la indiferencia, responsabilidad. En un tiempo de conciencias líquidas los hermanos Dardenne proponen el modelo de compromiso más allá de lo legal, de lo que se le supone. Una doctora de barrio deja de atender un timbrazo en su consulta y una joven africana indocumentada aparece muerta al día siguiente. Aquella circunstancia impredecible lleva a la médica a una investigación que nos mostrará el rostro de las víctimas y donde como dice Dostoievski «Todos nosotros somos culpables de todo y de todos ante todos, y yo más que los otros». Una llamada a la responsabilidad hacia el otro imprescindible.

2) “Al otro lado de la esperanza” (2017, Finlandia) de Aki Kaurismäki

Nueva entrega del cine de perdedores de Kaurismaki, ahora de la mano de un solicitante de asilo sirio en Finlandia. Frente a las trabas de las burocracias legalistas que excluyen aparece la alianza de los pobres, de los que a duras penas salen adelante, pero lo hacen juntos y compasivos. El estilo peculiar del maestro finlandés con sus personajes quasi-mudos, su humor crítico sin perder ternura, sus colores pasteles bajo la ciudad inhóspita y su música intradiegética del rock local al servicio de la denuncia de un mundo que cierra sus puertas, en el que “los más pequeños” abren las ventanas.

1) “Silencio” (2016, EEUU) de Martin Scorsese

Probablemente junto con “El árbol de la vida” de Terrence Malick nos encontremos con una de las películas de más densidad teológica en perspectiva cristiana. Lo que la coloca al lado de obras maestras de la altura de Dreyer, Bresson o Tarkovski. El apropiado “silencio” antes de su estreno ha generado una expectativa en crítica y público que no defrauda. Para los más alejados de la fe resultará una película extraña, inquietante y con probabilidad incómodamente confesante. A los creyentes que esperan una película de vida de santos misioneros y mártires les resultará decepcionante por ambigua y falta de luz cegadora, de una conversión tumbativa. Pero al que quiera pensar y creer, quizás le sumerja en un silencio habitado.

No queremos dejar sin señalar algunos géneros que no han de quedar olvidados. En el documental nos ha interesado especialmente “Converso” (2017, España) de David Arratibel donde en un ejercicio de catarsis el cineasta nos descubre el asombro ante la fe de su familia. También la “La isla de los monjes” (2017, Países Bajos-Holanda) nos ha sorprendido como ejemplo de una iglesia en salida y renovación. Producida por National Geographic Channel y con todos los medios, la serie documental “Historia de Dios” (2016, EEUU) de Corey Becker nos ofrece un recorrido por la experiencia religiosa a lo largo de toda la tierra en compañía de Morgan Freeman.

Respecto a la animación destacar en primer lugar “La vida de Calabacín” (2016, Francia-Suiza) de Claude Barras una propuesta que combina lo trágico y lo cómico con protagonistas infantiles que interrogan a los adultos sobre cómo abordar el duelo y las pérdidas. “La tortuga roja” (2016, Francia) de Michaël Dudok de Wit es de una belleza fascinante a la vez que silente que nos muestra el ciclo de la vida y la búsqueda del amor de todo ser humano. Y por último “Se armó el Belén” (2017, EEUU) de Timothy Reckart, una película familiar y navideña donde los animales forman parte del misterio.

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No te preocupes, estoy aquí

Tras mucho tiempo de silencio, retomo la actividad de este blog. Pretendo crear urdimbres, tejer redes a través de artículos y opiniones, que leídos en otros medios, quieren ser un espacio de reflexión, una mirada a este mundo. Y comienzo en esta nueva etapa con el post que, Miguel Ángel Santos Guerra, publicó en su blog El Adarve, en el diario La opinión de Málaga

 

Para agnósticos y creyentes (bien es cierto que no de forma igual para unos que para otros) estos días de Navidad encierran una llamada a la solidaridad, a la paz y al amor. Por eso voy a dedicar estas líneas, en el último sábado del año, a hacer una invitación al ejercicio de la bondad, no meramente ocasional sino persistente, no solo en forma de actos aislados sino de actitudes que los genere asidua y espontáneamente. Me serviré para hacerlo de un par de libros que acabo de leer. El primero escrito por Elsa Punset, autora de varias obras de divulgación (“Brújula para navegantes emocionales”, “Inocencia radical”, “Una mochila para el universo”, “El libro de las pequeñas revoluciones”…) y directora de contenidos en un Laboratorio de Aprendizaje Social y Emocional.

En 2017 ha publicado “Felices” (Ediciones Destino). No soy un asiduo de Elsa Punset. Sin embargo, en esta ocasión, no sé si por la importancia del tema (no hay señal más clara de inteligencia en la vida que desarrollar la capacidad de ser felices y de ser buenas personas), por la vistosidad de la portada y el atractivo del objeto físico o por la originalidad del índice, me decidí a comprarlo y a leerlo.

Es a un apartado de la tercera y última parte al que quiero dedicar estas líneas. Se titula “Elisabeth Kübler-Ross: el poder del amor”. Esta legendaria psiquiatra suiza-estadounidense nació el 8 de julio de 1926 en Zurich y murió en Scotttsdale, Arizona, en 2014. Una de las trillizas de un comerciante suizo. Se licenció en medicina por la Universidad de Zurich y empezó a trabajar como residente con pacientes a punto de morir y más tarde fue dando conferencias sobre el tratamiento de moribundos.

Cuenta Kübler-Ross que su pasión por comprender, dignificar y encontrar un sentido a la muerte surgió en los pasillos del Hospital de Chicago donde trabajaba con su marido en 1965. Todo empezó con una anécdota: día y noche, dependiendo de los turnos de trabajo, Elisabeth observaba a una señora de la limpieza negra. Le llamaba la atención la influencia que esa mujer tenía sobre muchos de los pacientes más gravemente enfermos de la planta. Cuando la señora salía de una de las habitaciones de sus pacientes, la doctora Kübler-Ross comprobaba que estos habían cambiado su actitud hacia la enfermedad de forma significativa. Estaban más tranquilos. Quiso conocer lo que allí ocurría y su curiosidad se fue haciendo tan intensa que literalmente espiaba a esa mujer que, aunque no había terminado sus estudios escolares, parecía conocer un gran secreto.

Un día, la doctora y la mujer de la limpieza se cruzaron en el pasillo. La doctora se dirigió a la mujer de forma casi agresiva.

–          ¿Qué está haciendo usted?

Naturalmente la mujer se puso a la defensiva:

–          Solo estoy fregando el suelo.

Durante las siguientes dos semanas la doctora y la señora se vigilaban mutuamente. Hasta que un día la señora tomó del brazo a la doctora Kübler-Ross y la condujo hasta la sala de enfermeras.

Allí le contó su historia. Había nacido y crecido en el sur de Chicago, en medio de la miseria y la pobreza. En un hogar sin calefacción ni agua caliente en el que los niños estaban desnutridos y enfermos. Un día, un hijo suyo de tres años enfermó de neumonía. Le llevó al Hospital local y le rechazaron porque debía diez dólares. Desesperada caminó hacia un Hospital donde estaban obligados a atender a las personas sin recursos. Por desgracia ese Hospital estaba lleno de gente como ella. Personas que necesitaban urgentemente ayuda médica. Le dijeron que esperara. Tras varias horas de espera, vio cómo su hijo se ahogaba y moría en sus brazos.

Cuenta la doctora Kübler-Ross que era imposible no sentir compasión por la terrible pérdida de aquella mujer. Pero lo que más le llamó la atención fue la forma en la que ella contó la historia. Estaba profundamente triste, pero no había en su actitud ni el menor rastro de negatividad, reproches o amargura. Emanaba una paz que asombró a la doctora.

Al terminar el relato, la doctora se sintió como una alumna que pregunta a su maestra:

–          Pero, ¿qué les dices a mis pacientes?

La respuesta fue tan sencilla como poderosa:

–          A veces entro en las habitaciones de los pacientes y veo que están aterrorizados y no tienen con quién hablar. Así que yo me acerco a ellos, les toco las manos y les digo: No te preocupes, estoy aquí.

Poco después la doctora Elisabeth Kübler-Ross consiguió que esa mujer dejase de fregar pasillos y se convirtiese en su primera asistente., la que daba el apoyo necesario a los pacientes cuando ya nadie más lo hacía, la que sencilla y poderosamente sabía acompañar.

El segundo libro es de Piero Perrucci, nacido en Turín, y se titula “El poder de la bondad”. Para este autor, la causa de nuestra supervivencia a través de los siglos se debe, sobre todo, a nuestra capacidad para la bondad y para cuidarnos los unos a los otros en nuestras comunidades próximas. El autor nos explica en el libro cómo desarrollarla en su máximo potencial a través de la práctica de esas facultades que tanta veces nos han salvado la vida como la lealtad, la gratitud o el respeto, entre otras.

Solo tendremos futuro si pensamos con el corazón, dice Ferrucci, que también sostiene que las personas bondadosas viven más tiempo, tienen más éxito en la vida y son más felices que las demás. Frente a la obsesión por la eficacia y la rentabilidad, propias de la época, el autor nos propone el camino de la bondad para hacernos mejores y construir un mundo mejor.

Siendo ya anciano, le preguntaron a Aldous Huxley cuál era el sistema más eficaz para transformar nuestra vida. Contestó:

-No deja de ser desconcertante que, después de tantos años de investigación y experimentación, deba decir que la respuesta más acertada es: “simplemente, procura ser más bondadoso”.

Cada vez soy más consciente de que hay dos actitudes básicas de relación con los otros. Una que consiste en una mezcla de hostilidad e indiferencia y otra compuesta de simpatía y generosidad. Una basada en el odio y otra en el amor.

Lo veo en todas las profesiones y en todos los comportamientos. En la sanidad, en la enseñanza, en el comercio, en la política, en la abogacía, en la informática… En hechos importantes y en pequeños detalles.

Hace unos días fui a mi Centro de Salud para vacunar a mi hija Carla. Tuve que pedir permiso en el Colegio para poder hacerlo. Un problema de mala información nos hizo comprobar que era correcta la hora, pero no el día. Teníamos la cita a la misma hora del día siguiente. Le dije a la enfermera:

– Ha habido un error en la información. ¿No puede vacunarse hoy, ya que estamos aquí? Son solo unos segundos. Y tenemos la dosis comprada en la farmacia…

  • Venga mañana, cuando tiene la cita, me dijo con gesto hosco.
  • Mañana tendremos que pedir permiso de nuevo.
  • Pues pídalo.

Me di la vuelta. Me encontré con otra enfermera en un pasillo. Me preguntó qué estaba haciendo allí. Le conté lo sucedido y, sin pedirle el favor de que le pusiera la vacuna, me dijo con una sonrisa en los labios:

  • Venid, yo se la pongo en un momento.

Esta enfermera, en el fondo, me dijo: ”No te preocupes, estoy aquí”. La otra, por el contrario, me aseguró sin palabras: “Tienes que preocuparte, estoy aquí”. Dos actitudes. Una de ayuda, otra de hostilidad. Una de cercanía emocional, otra de rechazo. ¿Qué sucedería en el mundo si todos los seres humanos tuviésemos incorporadas a nuestra idiosincrasia la empatía y el amor? ¿Qué sucedería si todos dijésemos a nuestros semejantes, sanos o enfermos, vivientes y moribundos : No te preocupes, estoy aquí?

Me gusta desear lo mejor en estas fechas con una palabra emocionante: felicidades. La repito dos veces de forma consecutiva; la segunda, acompañada de un imperativo. Así: Felicidades y felicidad-des. Así lo hago para todos mis lectores y lectoras. Una explícita invitación a la práctica de la bondad.

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Declaración de la ilegalidad de la pobreza.

Encuentro, en la web de Servicios Koinonía, un artículo de Leonardo Boff que hace referencia la Declaración de la Ilegalidad de la pobreza. Aunque he intentado localizar el texto para compartirlo, me ha sido imposible. Si he encontrado, en cambio, varias páginas que hacen referencia a este documento. Aquí va el texto de Boff.

El escandaloso aumento de los niveles de pobreza en el mundo ha suscitado movimientos para erradicar esta llaga de la humanidad.

El 9 de mayo tuvo lugar un acto en la Universidad Nacional de Rosario promovido por la Cátedra del Agua, un departamento de la Facultad de Ciencias Sociales, coordinado por el prof. Anibal Faccendi, para llevar a cabo una Declaración sobre la ilegalidad de la pobreza. Tuve la oportunidad de participar y hacer la charla de motivación. La idea es conquistar apoyos del congreso nacional, de la sociedad y de personas de todo el continente para llevar esta demanda ante las instancias de la ONU con el fin de darle la más alta validación. Ya antes, el 17 de octubre de 1987 Joseph Wresinski había creado el Movimiento Internacional ATD (Actuar Todos para la Dignidad) que incluía el Día Internacional da Erradicación de la Pobreza. Este año será celebrado el día 17 de septiembre en muchos países que se han adherido al movimiento.

La Declaración de Rosario viene a reforzar este movimiento presionando a los organismos mundiales de la ONU para declarar efectivamente el hambre como ilegal. La Declaración no puede quedarse tan solo en su aspecto declaratorio. Su sentido es poder crear en las distintas instituciones, en los países, en los municipios, en los barrios, en las calles de las ciudades, en las escuelas, movilizaciones para identificar a las personas sea en situación de pobreza extrema (vivir con menos de dos dólares y sin acceso a los servicios básicos) o simplemente de pobreza, que sobreviven con poco más de dos dólares diarios y con acceso limitado a la infraestructura, vivienda, escuela y otros servicios mínimos humanitarios. Y organizar acciones solidarias que los ayuden a salir de esta urgencia, con la participación de ellos mismos.

En 2002 Kofi Annan, antiguo secretario da ONU declaraba con firmeza: «No es posible que la comunidad internacional tolere que prácticamente la mitad de la humanidad tenga que subsistir con dos dólares diarios o menos en un mundo con una riqueza sin precedentes».

Efectivamente, los datos son estremecedores. OXFAM que es una ONG que articula muchas otras en varios países y que se ha especializado en estudiar los niveles de desigualdad en el mundo, presenta todos los años sus resultados, cada vez más aterradores. Generalmente OXFAM suele ir a Davos, en Suiza, donde se encuentran los mayores ricos epulones del mundo. Presentan los datos que los dejan desenmascarados. Este año, en enero de 2017 revelaron que 8 personas (la mayoría estaba allí en Davos) poseen una riqueza equivalente a la de 3,6 mil millones de personas. Es decir, cerca de la mitad de la humanidad vive en situación de penuria sea como pobreza extrema, sea simplemente como pobreza, al lado de la más degradante riqueza.

Si leemos afectivamente, como debe ser, tales datos, nos damos cuenta del océano de sufrimiento, de enfermedades, de muerte de niños o de muerte de millones de adultos, estrictamente a consecuencia del hambre. Entonces nos preguntamos: ¿Dónde ha ido a parar la solidaridad mínima? ¿No somos crueles y sin misericordia con nuestros semejantes, ante aquellos que son humanos como nosotros, que desean un mínimo de alimentación saludable como nosotros? Se les remueven las entrañas viendo a sus hijos e hijas que no pueden dormir porque tienen hambre, y ellos mismos teniendo que tragar en seco trozos de comida recogidos en los grandes basureros de las ciudades, o recibidos de la caridad de la gente y de algunas instituciones (generalmente religiosas) que les ofrecen algo que les permite sobrevivir.

La pobreza generadora de hambre es asesina, una de las formas más violentas de humillar a las personas, arruinarles el cuerpo y herirles el alma. El hambre puede llevar al delirio, a la desesperación y a la violencia. Aquí cabe recordar la doctrina antigua: la extrema necesidad no conoce ley y el robo en función de la supervivencia no puede ser considerado crimen, porque la vida vale más que cualquier otro bien material.

Actualmente el hambre es sistémica. Thomas Piketty, famoso por su estudio sobre El Capitalismo en el siglo XXI, mostró como está presente y escondida en Estados Unidos: 50 millones de pobres. En los últimos 30 años, afirma Piketty, la renta de los más pobres permaneció inalterada mientras que en el 1% más rico creció 300%. Y concluye: «Si no se hace nada para superar esta desigualdad, podrá desintegrar toda la sociedad. Aumentará la criminalidad y la inseguridad. Las personas vivirán con más miedo que esperanza».

En Brasil hemos abolido la esclavitud, ¿pero cuándo haremos la abolición del hambre?

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3,7 MILLONES DE NIÑOS Y NIÑAS REFUGIADOS NO TIENEN UNA ESCUELA A LA QUE ASISTIR

En este tiempo de reivindicaciones educativas, quizás sea bueno releer este breve texto de Valeria Méndez de Vigo y Carla Sala, publicado hace unos días en el blog de cristianismeijusticia.

Los conflictos bélicos, la violencia generalizada, el cambio climático, la pobreza extrema o las violaciones de derechos humanos son algunos de los motivos que siguen provocando el desplazamiento forzado de miles de familias dentro y fuera de sus países impidiendo, en muchos casos, la educación de niños y niñas.
Durante la primera mitad del año 2016, ACNUR registró al menos 3,2 millones de nuevos desplazados, de los cuales 1,5 millones eran refugiados y solicitantes de asilo que huyeron a otro país, y cerca de 1,7 millón de personas eran desplazadas internas[1]. En el mundo hay 21,3 millones de personas refugiadas. De los 16 millones que están bajo el mandato de ACNUR, 6 millones están en edad de ir a la escuela, pero unos 3,7 millones de niños y niñas no tienen una escuela a la que asistir[2].
Desde el campo de refugiados de Melkadida, Aden Abdi Hussen, de 19 años, señala[3]: “Al principio, huimos en busca de la paz. Luego pusimos la esperanza en la educación. La verdad es que nunca pudimos estudiar, porque las clases siempre quedaban interrumpidas por la violencia. Los grupos armados expulsaban a los maestros. No se puede aprender en una guerra“.
Más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes refugiados del mundo no escolarizados, se concentran en sólo siete países: Chad, la República Democrática del Congo, Etiopía, Kenia, Líbano, Pakistán y Turquía. Habitualmente, las personas refugiadas se encuentran en regiones donde las estructuras destinadas a cubrir las necesidades básicas son débiles. Por ello, educar a la propia población ya supone una gran dificultad para los gobiernos, y atender a la población refugiada supone un trabajo adicional considerable.
Las escuelas deben dotarse de políticas inclusivas que posibiliten una buena preparación del profesorado ante la llegada de personas refugiadas para poder integrarlas de la manera más normalizada posible a los diferentes cursos, por ejemplo, reforzando el aprendizaje de la nueva lengua o estableciendo programas educativos de carácter intensivo para que los niños y niñas puedan integrarse en el nivel educativo adecuado. Para fortalecer la educación inclusiva, UNESCO y ACNUR, han convocado la Semana de la Educación Móvil bajo el tema de “La Educación en situaciones de emergencia y crisis”. En este caso, se pretende preservar la continuidad del aprendizaje en contextos de conflicto y desastres, abrir oportunidades de aprendizaje para los refugiados y otras personas desplazadas, y facilitar la integración de los nuevos estudiantes en nuevas escuelas y comunidades.
Educar a la población refugiada debe permitir a los niños/as y jóvenes prosperar, no solo sobrevivir. Hay que proporcionar espacios seguros donde los niños y niñas puedan relacionarse, adquirir habilidades para la autosuficiencia, fomentar el pensamiento crítico y el trabajo en equipo, aumentar la confianza y la autoestima y mejorar las perspectivas laborales. La educación es un elemento crucial para capacitar a los niños y niñas para ser agentes de cambio, y para que en un futuro puedan restablecer y reconstruir sus sociedades y países de origen.
Sylvia, de 19 años, refugiada de la República Democrática del Congo y estudiante de Inglés en uno de los centros del Servicio Jesuita a Refugiados en Uganda, relata[4]: “Convertirme en refugiada cambió mi vida. No pude estudiar y crié a mis hermanas sola y sin ningún ingreso (…) Ahora sé que si estudio, puedo conseguir más. Espero que la paz vuelva a mi país para que allí mi sueño se haga realidad: convertirme en periodista”.
Desde Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados, trabajamos con personas refugiadas y desplazadas en países donde se concentra un elevado porcentaje de niños/as y jóvenes en esta situación. Etiopía, la República Democrática del Congo, Uganda o Chad son algunos de los países africanos en los que seguimos actuando para hacer llegar la educación. Garantizar y mejorar el acceso a la educación de las poblaciones refugiadas e implementar programas de atención psicosocial en los campos de refugiados, son algunos de los objetivos generales que contribuyen a mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas que se encuentran en este contexto de inseguridad.
La educación es la clave para que todos los niños y niñas refugiados puedan tener oportunidades para cambiar el rumbo de sus vidas y construir un futuro mejor.
***

[1] ACNUR. (2016). Mid Year Trends.
[2] ACNUR. (2016). Missing out: Refugee Education in Crisis.
[3] Servicio Jesuita a Refugiados. (2016). Etiopia: la educación promueve la autosuficiencia. Recuperado de: http://www.eldiario.es/desalambre/ONU-ONG-UE-migratorio-Libia_0_608589337.html
[4] Jesuit Refugee Service. (2016). Providing Hope, Investing in the Future: Education in Emergencies & Protracted Crises. Recuperado de: https://www.jrs.net/assets/Publications/File/Ed_Policy_web1.pdf

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CINCUENTA AÑOS DE “CARTA A UNA MAESTRA”

Hace cincuenta años, en 1967, veía la luz el libro Carta a una maestra escrito por los alumnos de Barbiana. Aprovechando esta conmemoración, Manu Andueza, publica en el blog de cristianismeijusticia este interesante artículo.

Barbiana es una pequeña localidad italiana a la que en 1954 llegó como sacerdote Lorenzo Milani. Milani enseguida descubrió que más que un cura, lo que necesitaba la población era un maestro, motivo por el cual organizó una escuela. Unos años después, siguiendo su método de escritura colectiva, sus alumnos, tras analizar la situación de la educación, escribían Carta a una maestra.

Se trata de un libro que debería ser de obligatoria lectura para todos aquellos que quieren dedicarse al mundo de la educación. Se trata de un libro que, desgraciadamente, a pesar de haber pasado ya cincuenta años desde que se escribió, es de una tremenda actualidad. Y digo desgraciadamente, porque indica lo poco que hemos avanzado, a la par que el largo camino que nos queda para mejorar.

En repetidas ocasiones el papa actual ha citado a Milani como modelo de educador. Cuánto le hemos aplaudido, qué poco caso le hemos hecho.

Carta a una maestra pone de manifiesto elementos obsoletos de la educación, cita los peligros de una educación clasista que permite que el mundo continúe igual. Nosotros hoy seguimos con esa educación. Una educación más preocupada en llegar a unas competencias, en cumplir objetivos, en pasar pruebas que en descubrir -como decía Milani- que la vocación de todo ser humano no es otra que ser buena persona.

¿Y cuáles son algunas de las claves que nos aporta Carta a una maestra?

-Para empezar, valorar el progreso, no el conocimiento. Nuestra educación sigue siendo una educación de límites, no de libertad ni de acompañamiento ni de alegría. Cuántos niños y niñas sufren en nuestro sistema a pesar de su esfuerzo, de su progreso. Pasar de 1 a 4 es más que sacar un 5 en muchas ocasiones. Pero no ha llegado. Bonita falacia sobre el esfuerzo y el crecimiento.

-Ir al ritmo del último. Que nadie quede descolgado. Los que sepan que ayuden a los que no saben. Pero no se avanza hasta que todos lo hemos entendido. Por eso Barbiana grita un fuerte no a las repeticiones, a las discriminaciones. ¿Cómo puede ser que nuestra educación obligatoria se base en un sistema de separación, de segregación, de distinción? ¿Obligatoria para qué? ¿Para quién? ¿Son realmente iguales nuestras escuelas? ¿Es justa la selección del alumnado? Bajo una pretendida libertad de elección negamos la posibilidad de igualdad a los más pobres. ¿O es que de verdad nos creemos que a ellos no les gustarían los centros de élite para sus hijos?

-Todos son expertos en algo. Se trata de una realidad y de una firme convicción y creencia en el ser humano. Todos podemos aprender. Si no es así el problema es de motivación, el problema es del sistema, pero el problema no es tan sólo del alumno. Diferentes experiencias educativas en nuestro país así lo demuestran. Pero mantenemos un sistema único, con una manera única para todos. ¿Es esto realmente justo?

-Una educación que sea útil para el mundo real. Si en algo insistía Milani era en estudiar el mundo real, en analizar lo que pasa, en ver por qué ocurren las cosas. La escuela no puede ser un sistema alejado de la realidad. ¿Dónde estudiar economía, política, justicia, sino en la escuela? Fue después de analizar la situación de las últimas guerras italianas con sus alumnos, cuando Milani escribió el primer texto en Europa invitando a la objeción de conciencia ante el ejército. Está recogido en su Carta a los jueces. Allí nos recuerda que la obediencia es sólo a los pobres. ¿Quién sigue muriendo en nuestras guerras? ¿No tenemos nada que decir desde las escuelas?

-Dar la palabra a los pobres. Si algo valora Milani es el hecho de dar la palabra a los pobres. De darles la opción de razonar, de defenderse, de explicarse.

Los alumnos de Milani, alguno de ellos experto en economía mundial, otro líder sindical, otro traductor de hasta cinco idiomas avalan su manera de educar, donde otra educación es posible y necesaria.

Releer Carta a una maestra es cuestionarse cuándo nos tomaremos la educación en serio. Cuándo haremos un pacto real, cuándo saldremos a las calles de verdad todos juntos para decir que esto no sirve, que tenemos que generar otro sistema.

Releer Carta a una maestra es preguntarse por la finalidad de la educación, por su sentido, por la razón de la misma. Y siguiendo a Milani, la educación tiene que servir para dar más oportunidades a quienes menos tienen, para hacer un mundo diferente, donde la solidaridad sea el modo habitual de relacionarnos. Para ello hay muchas cosas que cambiar, desde el currículum a la forma de evaluación, desde la manía de cuantificar todo y hacer estadísticas y otras herramientas que pisan la conciencia y la humanidad de nuestros alumnos hasta la estructura de nuestros centros.

Se impone ya la necesidad de otra educación posible. Releamos Carta a una maestra desde esta óptica y seamos valientes como lo fue Milani -como nos invita Francisco- y dejemos de hablar de lo que deberíamos hacer para pasar a hacerlo en nuestras escuelas.

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Francia, nueva etapa

Para entender los resultados electorales que se pueden producir en Francia, puede ser útil leer la editorial de Ignacio Ramonet, publicada en el número de mayo de Le Monde Diplomatique.

La primera sorpresa fue… que no hubo sorpresa. Por una vez las encuestadoras no se equivocaron. En el Reino Unido con el brexit o en Estados Unidos con Donald Trump, los sondeos erraron por completo. En Francia en cambio, con semanas de antelación, las consultoras anunciaron que, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del pasado 23 de abril, los vencedores serían, en este orden: Emmanuel Macron (En Marche!, ¡En Marcha!) y Marine Le Pen (Frente Nacional), únicos clasificados para pasar a la segunda vuelta del 7 de mayo. Y que justo después llegarían, también en este orden: François Fillon (Los Republicanos), Jean-Luc Mélenchon (La France Insoumise, Francia Insumisa) y Benoît Hamon (Partido Socialista). Y acertaron (1).

Semejantes resultados, en un país traumatizado por la crisis social y los atentados yihadistas, constituyen un verdadero seísmo y merecen varios comentarios.

Primero, indican el final de una larga etapa de la historia política francesa comenzada en 1958 con la adopción de la Constitución actual y la instauración de la V República. Desde esa época, o sea desde hace casi sesenta años, siempre se había clasificado para la segunda vuelta por lo menos uno de los dos grandes partidos franceses: el gaullista (con diferentes apelaciones a lo largo del tiempo, RPR, UDR, LR) y el socialista. Esta vez, cosa inaudita, ninguno de los dos ha conseguido sobrepasar los obstáculos de la primera vuelta. En sí, esto ya es histórico y demuestra, como en otros países, el profundo desgaste de las formaciones políticas tradicionales que dominaban la escena desde la Segunda Guerra Mundial.

La derrota es particularmente espectacular para el Partido Socialista porque esta formación estaba en el poder desde 2012, controlando los tres principales centros de decisión política: la Presidencia de la República (François Hollande), la Presidencia del Gobierno (Primer Ministro: Bernard Cazeneuve), y la Asamblea Nacional. El candidato socialista, Benoît Hamon –jefecillo de una fracción crítica con el presidente Hollande y que se impuso en las primarias frente, entre otros, al ex primer ministro Manuel Valls– condujo una campaña particularmente desastrosa, garrafal y errática.

Con algunas buenas ideas (la renta básica universal) pero con una obsesión histérica antirrusa y un arrogante rechazo a establecer alianzas con la gran fuerza de izquierdas, La France Insoumise de Jean-Luc Mélenchon. Hamon apenas obtuvo el 6,36% de los votos, el peor resultado en sesenta años del Partido Socialista. Tanto más calamitoso cuanto que se habían unido a él los ecologistas… Con tan funesto desenlace, Benoît Hamon comprometió el porvenir mismo del Partido Socialista, que –después del fracaso del impopular presidente François Hollande– corre ahora el riesgo de estallar en varios pedazos.

Otro caso trágico es el de François Fillon, candidato de Los Republicanos, el partido heredero del gaullismo y expresión sociológica de la amplia burguesía conservadora. Contra todo pronóstico, Fillon había conseguido imponerse en las primarias internas frente a candidatos de peso como Nicolas Sarkozy (ex presidente, 2007-2012) y Alain Juppé (ex primer ministro). Con un programa de castigo social muy duro. Normalmente, esas primarias eran su escollo principal y todas las encuestas lo daban como futuro presidente de Francia. Pero ahí comenzó su calvario.

El semanario satírico Le Canard enchaîné publicó una serie de revelaciones sobre los “empleos ficticios” que Fillon, como diputado (y como la ley, en cierta medida, se lo permitía), otorgó a su esposa y a sus hijos. Se desató entonces contra él una campaña de agresión mediática de una violencia excepcional. Durante interminables semanas, los medios de comunicación lo desollaron vivo y arruinaron su imagen. En realidad, comparada con la que se practica en España, la corrupción de Fillon era de baja intensidad. Y cabe preguntarse a qué se debió tanta saña contra el candidato de la derecha tradicional. ¿Para abrirle camino a Emmanuel Macron, quien cuenta con el apoyo decidido de la mayoría de los oligarcas propietarios de grandes medios? ¿Para sancionar la apuesta de Fillon de establecer, en política internacional, una alianza con Rusia?

Otra enseñanza de los resultados de la primera vuelta concierne al Frente Nacional (FN), de extrema derecha. Este partido viene ganando, últimamente, en la primera vuelta, casi todas las elecciones en Francia. Pero el sistema francés de dos vueltas obliga a los partidos a pactar alianzas para la segunda ronda. Y el Frente Nacional es un partido huérfano, no tiene ningún aliado, no puede constituir ninguna coalición; con lo cual, queda desprovisto de reservas de votos para vencer el escollo de la segunda vuelta. Así, por ejemplo, en las elecciones regionales de diciembre de 2015, el FN fue el partido más votado (un 27,73%) de Francia en la primera vuelta, pero, en la segunda ronda, fue incapaz de conquistar la presidencia de ninguna región.

El pasado 23 de abril, su líder Marine Le Pen no consiguió alzar su partido al primer puesto, quedó segundo con un millón de votos menos que Emmanuel Macron. Una importante decepción para su electorado. Aunque los medios de comunicación dominantes, para movilizar a favor de Macron, agitan el espectro de una posible victoria del FN el 7 de mayo, es prácticamente imposible que lo consiga. El riesgo de ver a Marine Le Pen ganar la segunda ronda es absolutamente mínimo en un país donde, el pasado 23 de abril, el 80% de los electores no votaron por ella. Aunque este partido, aprovechando la crisis, ha tratado de reconvertirse disimulando sus rasgos más visibles del neofascismo y adoptando los atributos del populismo de derechas, mantiene su ADN racista, antisemita y xenófobo. Su probable derrota (una más…) lo hará entrar sin duda en una crisis existencial.

A pesar de no haber podido clasificarse para la segunda ronda, el otro vencedor de esas elecciones es, sin discusión, Jean-Luc Mélenchon, líder de La France Insoumise. En 2012, Mélenchon había obtenido 4 millones de votos (un 11%). Esta vez alcanzó los 7 millones (un 19,6%). Se ha quedado a medio millón de votos apenas de la segunda vuelta… Y, para la claridad del debate, es una pena.

Considerado como “el mejor orador de la política francesa”, el dirigente insumiso hizo una campaña inteligente, intensa, brillante e inventiva. Con innovaciones tecnológicas mundiales como la de los hologramas que le permitieron estar “presente” en seis ciudades a la vez… Y desarrolló un programa preciso y claro (2) sobre todos los temas que interesan hoy a una sociedad muy golpeada por el desempleo, la marginación social y la violencia de los atentados yihadistas. Ha sabido recoger y expresar la indignación de muchos franceses hartos de la politiquería y que, como en algunos países de América Latina, claman: “¡Que se vayan todos!”.

El peso de los electores “insumisos” será decisivo en la segunda ronda. Y es también muy probable que esa poderosa fuerza electoral permita a Jean-Luc Mélenchon obtener un importante resultado en la “tercera vuelta”, o sea las elecciones legislativas previstas para el 11 y 18 del próximo mes de junio. Como cuarta fuerza política del país, France Insoumise podría constituir un grupo parlamentario bisagra cuyo rol en la nueva Asamblea pudiera ser determinante.

Última consideración, acerca de Emmanuel Macron (39 años), vencedor del 23 de abril y probable nuevo Presidente de Francia. Con escasa experiencia –fue asesor del presidente Hollande y efímero ministro de Economía–, tuvo la intuición de que el sistema político tradicional estaba carcomido y amenazaba ruina. Salió del Gobierno, abandonó a Hollande y lanzó, ante la incredulidad general, su movimiento En Marche! (que tiene sus propias iniciales…) cuando parecía que no existía espacio para una nueva fuerza política.

En realidad, el éxito de Macron se debe más a las circunstancias que a sus propios méritos. Porque una serie de acontecimientos imprevistos fueron eliminando a sus principales rivales potenciales. En el seno del Partido Socialista, su competidor más peligroso, Manuel Valls, fue descartado en las primarias. Y el candidato designado, Benoît Hamon, considerado como demasiado a la izquierda y como “traidor” de Hollande, no podía seducir al conjunto de los socialistas y, por consiguiente, no era un contrincante nocivo para Macron.

Luego, en la formación de derechas Los Republicanos, el candidato que más sombra podía hacerle, Alain Juppé, perdió. Y el vencedor, François Fillon, fue destruido por los escándalos de corrupción. A todo eso vino a añadirse el descarte del presidente François Hollande cuando anunció que no se presentaría a las elecciones.

¿Qué adversarios le quedaban a Macron? Esencialmente dos: Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon. Ni el poder financiero, ni el poder empresarial, ni el poder mediático podían aceptar, por distintas razones, a ninguno de estos dos candidatos. Por eso, a partir del pasado mes de febrero, todo el formidable peso de los poderes fácticos se puso al servicio de Emmanuel Macron. En particular, los medios de comunicación dominantes –que en Francia están en manos de un puñado de oligarcas multimillonarios– se lanzaron en una frenética campaña en favor del líder de En Marche! Aportándole además un soporte financiero considerable. De tal modo que Macron, orador bastante mediocre y con un programa aún más confuso, fue imponiéndose en las encuestas como el probable vencedor.

Si su victoria, como acabamos de analizar, se debe en parte a las circunstancias y a la eliminación coyuntural de sus rivales, por otra parte también es el resultado de lo que Macron significa. En un sistema que se derrumba y en el que los partidos tradicionales son barridos (3), el líder de En Marche! se declara sin ambages “europeísta”, neoliberal y librecambista. Defiende decididamente la “uberización” de la economía y apuesta por el social-liberalismo. Su proyecto, en vías de realización, responde al viejo sueño de la elites burguesas en tiempos de crisis: constituir una formación política que podríamos llamar de Gran Centro, integrando a la izquierda de la derecha, al centro y a la derecha de la izquierda. En pocas palabras, como diría el conde de Lampedusa: cambiarlo todo para que nada cambie.

Basta con ver la eufórica embriaguez de todos los fanáticos del social-liberalismo (4) y la espectacular subida de las Bolsas para entender con claridad lo que significa, políticamente, la victoria de Macron: una revancha de los poderosos del sistema. Pero una restauración solo es un respiro en medio de una crisis. Y seguro que la gente aún no ha dicho su última palabra.

(1) Los resultados oficiales son los siguientes: Emmanuel Macron, un 24,1%; Marine Le Pen, un 21,3%; François Fillon, un 20,01%; Jean-Luc Mélenchon, un 19,58%; Benoît Hamon, un 6,36%.

(2) Léase: http://es.rfi.fr/francia/20170420-jean-luc-melenchon-el-outsider-con-la-corbata-roja

(3) El 23 de abril, la mitad del electorado votó a favor de dirigentes “antisistema” que piden la salida de Francia de la Unión Europea o, por lo menos, la renegociación de los tratados europeos.

(4) En España, por ejemplo, el diario El País publicó, al día siguiente de la victoria de Macron en la primera vuelta, un editorial titulado: “La esperanza Macron” (24 de abril 2017).

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No es país para niños pobres

José Carlos García Fajardo, profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid  y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), publica en la web de CCS esta reflexión sobre los efectos de la crisis en la pobreza infantil y los pocos pasos que se están dando en la actualidad para superar esa pobreza.

Uno de cada tres niños en España está en riesgo de pobreza o exclusión social.  La infancia de nuestro país es el grupo que más está sufriendo las consecuencias de la crisis económica y de los recortes en las ayudas sociales.  La educación es la herramienta más poderosa para romper el ciclo de transmisión de la pobreza de padres a hijos.

Lo escribimos con sonrojo, llevamos más de 20 años desarrollando programas de apoyo a la infancia, con una atención integral a los niños, niñas y sus familias, para que la situación económica o de exclusión social en la que viven no les impida disfrutar plenamente de sus derechos y puedan alcanzar el máximo de sus capacidades. Queremos que nada impida a los niños ser todo lo que quieren ser.

Desheredados: las niñas y niños españoles han sufrido la crisis de manera injusta y terrible. Pero los menores de 18 años no votan. En nuestro país, tan cristiano y desarrollado, la pobreza afecta a un 16,7% de los menores de 18 años. Nos coloca junto a Bulgaria, Rumania o Grecia y muy alejados de los países europeos con mayor conciencia y eficacia social.

Como señala con dolor V. Lapuente, es el resultado de una desidia colectiva. La inversión que hacemos en la infancia no se corresponde con nuestro nivel de desarrollo económico. No son una prioridad política. El ADN de nuestro Estado de bienestar es la protección de los trabajadores, no de los ciudadanos sin tener en cuenta su situación laboral. Cerca de 1.600.000 niñas y niños que viven por debajo del umbral de la pobreza no reciben prestación por hijo a cargo. La pobreza afecta al desarrollo de las capacidades de los niños, a su bienestar físico y emocional. Y explica que nuestra tasa de abandono escolar sea una de las más altas de la UE.

Las personas más ricas aquí ganan siete veces más que las más pobres, cuando la media europea es de 5,2 veces. La desigualdad afecta con crudeza a los menores de edad que se han empobrecido cinco veces más durante la crisis que los más ricos. Entre 2008 y 2015 el número de niños en situación de pobreza severa aumentó en 424.000. Ni las políticas públicas de protección social ni el sistema fiscal están diseñadas para reducir la desigualdad y acabar con la pobreza. Cuando una de las funciones del sistema tributario debería ser redistribuir la riqueza. Las políticas públicas no están diseñadas desde la equidad; la sanidad, la protección social, el empleo y la educación.

España es el país donde más ha aumentado durante la crisis el número de niños que viven en hogares donde nadie trabaja, hasta llegar a los 800.000 menores.

Si la economía no genera empleo o no es de calidad, los hogares solo pueden salir de la pobreza a través de la protección social, pero en el caso de España la inversión es muy escasa y no se distribuye de forma equitativa. Apenas el 33,6% de los niños pobres tienen acceso a la única prestación dirigida a mejorar su situación.

Este Estado, casi fallido en tantos aspectos, invierte un 1,3% del PIB, el diseño no se centra en los menores, la poca cobertura de las prestaciones (1.600.000 niños y niñas que viven por debajo del umbral de la pobreza no acceden a la prestación por hijo a cargo) y la poca inversión que se realiza por niño.

Las familias más pobres destinan la mayoría de sus recursos a los gastos de la vivienda, pero la renta de los hogares más desfavorecidos ha caído a un ritmo mucho mayor que los alquileres o las hipotecas y gastos como la luz o el gas.

Titularse en educación secundaria y seguir estudiando son condiciones imprescindibles para la futura integración laboral y social de los adolescentes. Pero, acabar los estudios o dejarlos tiene que mucho que ver con el nivel de renta y formación de las familias. Las familias con más recursos dedican a la educación entre 7 y 8 veces más de  dichos recursos que los del 33% más pobre, y esto influye en un los resultados académicos. Los menores más pobres tienen peores condiciones y hábitos de vida y un acceso limitado a servicios sanitarios que no cubre del todo el Estado, como el oculista, el dentista o el logopeda. Las políticas públicas deben orientarse a dar soluciones en empleo, vivienda, educación, salud y protección social. Es urgente priorizar el sistema de protección.

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