África, entre revueltas y elecciones

Mientras los reclamos de una democracia real resuenan por todo Medio Oriente, el continente africano, con muchos regímenes militares y dictatoriales, se apresta a realizar varias elecciones presidenciales y parlamentarias este año.

Si todo sale de acuerdo a lo previsto, por lo menos 19 países de África del Norte y subsahariana celebrarán comicios nacionales, según la Global Commission on Elections, Democracy and Security (comisión mundial sobre elecciones, democracia y seguridad, o GCEDS por sus siglas en inglés).

Las naciones que tienen programadas elecciones presidenciales y/o parlamentarias incluyen a Chad, Madagascar, Seychelles y Zimbabwe (en mayo), Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Túnez (julio) Egipto (septiembre), Liberia, Camerún y Zambia (octubre), Mauritania y la República Democrática del Congo (noviembre) y Gabón (diciembre).

Cuatro países (Nigeria, Benín, Níger y Uganda) ya han realizado comicios o se preparan para una segunda vuelta electoral.

La tendencia cada vez mayor hacia las democracias parlamentarias en África llega en medio de disputadas elecciones o de la abolición de límites a los periodos presidenciales en varios países de la región, entre ellos Djibouti, Kenia, Costa de Marfil, Uganda y Zimbabwe.

En África, el panorama es “desigual”, dijo Vidar Helgesen, secretario general del no gubernamental International Institute for Democracy and Electoral Assistance (instituto internacional para la democracia y la asistencia electoral, IDEA por sus siglas en inglés), con sede en Estocolmo.

Ghana y Costa de Marfil pueden servir para ejemplificar las opciones que enfrentan población y gobiernos en África, dado que 19 países del continente celebrarán elecciones nacionales en los próximos 18 meses, dijo.

“Hay algunos avances, pero es posible un progreso más rápido”, sostuvo Helgesen a propósito de la actual transformación de los países africanos en democracias plenas.

“Lamentablemente hay demasiadas personas en el poder que creen que mantener su puesto es más importante que la democracia”, agregó.

La GCEDS, presidida por Kofi Annan –ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas–, aseguró que trabajará para convencer a los diferentes actores de que las “elecciones con integridad” no importan solamente por una cuestión de democracia sino también por la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo.

“La construcción de la democracia es un proceso complejo”, dijo Annan.

Las elecciones son apenas un punto de inicio, pero si su integridad se ve comprometida, lo mismo ocurre con la legitimidad de la democracia, advirtió.

Los acontecimientos ocurridos en Costa de Marfil –donde el presidente saliente Laurent Gbagbo se niega a admitir la victoria de Alessane Ouattara tras perder las elecciones– y en otras partes han subrayado “más claramente que nunca que las elecciones son vitales para un gobierno democrático, pero no son suficientes”.

“Demasiado a menudo vemos que gobernantes salientes realizan fraude en las elecciones, financiamiento ilícito o tendencia de medios que distorsionan el proceso electoral, y candidatos que pierden y se niegan a aceptar los resultados”, señaló GCEDS en un comunicado.

En aquellos lugares donde las elecciones tienen estos problemas, “la gente pierde la fe en la democracia y en el proceso político, y los derechos humanos son puestos en riesgo”, agregó.

La GCED, creada por el Instituto Internacional para la Asistencia Electoral (IDEA, por sus siglas en inglés) y la Fundación Kofi Annan, está integrada por 12 conocidas personalidades, entre ellas el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo (1994-2000), el ex presidente finlandés Martti Ahtisasari (1994-2000), el premio Nobel de Economía 1998 Amartya Sen y la ex secretaria de Estado (canciller) estadounidense Madeleine Albright (1997-2001).

Helgesen, de IDEA, dijo a IPS que aunque la democracia implica más que elecciones, no puede avanzar a menos que la voluntad popular sea oída y respetada.

La democracia tiene que ver con el control ciudadano sobre la toma de decisiones y con la igualdad entre los ciudadanos en el ejercicio de ese control, agregó.

Para que África avance hacia democracias plenas, la voluntad política de los líderes es importante, pero la del pueblo lo es aún más, como quedó demostrado con los levantamientos en el norte de África, sostuvo Helgesen.

“Los líderes del resto de África deberían tomar nota: si no respetan y reflejan la voluntad del pueblo, entonces la voluntad del pueblo los terminará expulsando” de sus puestos, dijo.

Al consultársele si África debería seguir el concepto occidental de democracia o adaptar la democracia a las características culturales y políticas del continente, Helgesen dijo: “Toda democracia necesita ser moldeada por sus ciudadanos y por el contexto social en el que ellos viven”.

No existe un solo modelo occidental de democracia y no puede haber un solo modelo africano, dado que África es un continente diverso, opinó.

Este artículo ha sido escrito por Thalif Deen, para la agencia IPS y publicado por Periodismo Humano.
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