Bombas de racimo españolas en Libia

En el periódico El Comercio de hoy, aparece este interesante artículo de Mabel González Bustelo, miembro de GREENPEACE, en el que se denuncia la venta de armas a Libia.

El ejército libio está utilizando bombas de racimo de fabricación española en su ofensiva sobre la ciudad de Misrata, según informa el diario estadounidense ‘The New York Times’ y ha confirmado la organización de derechos humanos Human Rights Watch. De acuerdo a los testimonios de testigos y supervivientes de los bombardeos, y del análisis de los restos de estos explosivos, se trata de la bomba de racimo MAT-120, fabricada en España por la empresa aragonesa Instalaza hasta el año 2008.

La MAT-120consta de 21 sub-municiones y se utiliza para dañar a personas y destruir blindados ligeros. Los registros de las municiones encontradas muestran que se fabricaron en 2007 y habrían sido exportadas ese año y, probablemente, la primera mitad de 2008, antes de la entrada en vigor del tratado de prohibición de este armamento (que se firmaría en Oslo, en diciembre de ese mismo año).

Durante la intensa campaña que llevó a la aprobación de ese tratado, las organizaciones participantes insistíamos en la peligrosidad inherente a este tipo de armamento. Las bombas de racimo son bombas ‘madre’ que alojan en su interior entre decenas y cientos de sub-municiones y que se usan para saturar de explosivos grandes territorios. Se trata de armas de efecto indiscriminado que matan a civiles durante los bombardeos, ya que por su naturaleza no distinguen entre blancos civiles y militares.

Pero no solo eso. Los civiles siguen sufriendo sus consecuencias después, ya que parte de las municiones no explotan y quedan dispersas, matando y mutilando durante años, incluso décadas, después de que las guerras hayan terminado. Lo sabe bien la población de Camboya, un país donde cada día sigue habiendo víctimas de unos explosivos que cayeron hace más de 30 años.

El tratado entró en vigor el 1 de agosto de 2010 y actualmente 108 países lo han firmado y 56 lo han ratificado. Se trata de un gran avance y hay que lograr que cada vez más países se sumen, para poner fin al uso de este tipo de armas. Sin embargo, avanzar no será fácil. Muchos países aún las tienen en sus arsenales, como Libia, pero también EE UU, Rusia o China, entre otros. En otros lugares, el reto es avanzar en desmantelar los miles o millones de artefactos explosivos sembrados por el territorio.

Que el régimen libio las esté usando contra su población es absolutamente condenable y una muestra más de su crueldad. Pero este caso ofrece algunas lecciones adicionales. En España, la empresa Instalaza realizó un gran esfuerzo para que las armas MAT-120 no fueran prohibidas, argumentando que habían incorporado mecanismos de auto-desactivación que minimizaban el riesgo de fallos y las hacían ‘seguras’. El concepto de ‘seguridad’ aplicado a una bomba de racimo es cuando menos dudoso, como muchos argumentaron y ahora se demuestra. ¿Cómo pueden ser seguras cuando se utilizan para bombardear una ciudad y atacar a la población civil?

Por otro lado, existe una cruel ironía en el hecho de que España participe en una misión internacional que tiene el objetivo de proteger a la población civil libia y que esta población esté siendo atacada con armas españolas. Es cierto que fueron vendidas antes de entrar en vigor y aplicarse en España el tratado y que, una vez que esto ocurrió, el Gobierno ha sido uno de los más activos a la hora de aplicar la prohibición y otras medidas como el desmantelamiento de los arsenales del ejército. Sin embargo, aunque las bombas de racimo no estaban prohibidas en el año 2007, ya entonces no debería haberse autorizado la venta de este ni de ningún otro tipo de armamento al régimen de Gadafi.

Hasta el año 2007, era el Código de Conducta dela UEel que explicitaba los 8 criterios para no autorizar ventas de armas en función de la situación del país de destino: cuando existe conflicto armado, violaciones de los derechos humanos o del Derecho Internacional Humanitario, riesgo de represión interna o de agravar tensiones existentes, riesgo de desvío a otros destinatarios o países que no sean los autorizados, etcétera. A partir de 2007, la ley española 53/2007, sobre exportaciones de material de defensa y de doble uso, incorpora en su artículo 8 esos mismos criterios y los convierte en parte de la legislación en nuestro país. Dada la naturaleza del régimen libio, es más que dudoso que cumpliera estos requisitos.

Por otra parte, se ha continuado vendiendo otro tipo de material de defensa y de doble uso a Libia hasta principios de este año, cuando el deterioro de la situación ya era claro e innegable. Solo entonces se decidió rescindir las licencias en vigor. De acuerdo al clásico principio de ‘business as usual’, se ha preferido pasar por alto las violaciones de los derechos humanos y el carácter dictatorial de un régimen que, por otro lado, garantizaba el abastecimiento de petróleo y espléndidos contratos de ventas de armamento, además de otras cuestiones.

Otro tanto podría decirse de las ventas a otros países del norte de África y Oriente Próximo, como Egipto, Marruecos, Túnez, Bahrein o Arabia Saudí. Muchos de ellos están afrontando en los últimos meses protestas y revueltas de unas poblaciones hartas de la falta de libertad, y a todos se les ha vendido armas desde España.

El principio de precaución está claramente contemplado en la ley 53/2007 y de haberse aplicado, algunas de estas situaciones podían haberse evitado. Lo mínimo que se puede hacer ahora, para cualquier país ‘dudoso’ y desde luego para los del norte de África y Oriente Próximo en procesos de inestabilidad interna, es revisar caso a caso cada autorización de exportación y denegarla en caso de existir la más mínima duda sobre su posible destino y uso final.

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2 respuestas a Bombas de racimo españolas en Libia

  1. Eva dijo:

    Mientras sigamos construyendo armas y justificando la existencia de ejércitos podemos inventarnos “el día de la paz” , las “asignaturas trasversales para educar en valores”…nuestros niños seguirán viendo la violencia como un medio legítimo para resolver conflictos.

  2. Un Montañero dijo:

    En cualquier caso, basta con que enciendan la tele y vean una serie norteamericana, para que, en menos de cinco minutos, aparezca un tiroteo o un muerto. Podríamos hacer una estadística de muertos por hora de las series norteamericanas. Seguro que superan a sus “amigos” de Israel…

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