ME ALEGRO, ¡INDIGNAOS!, SÍ

Escribo el post de hoy, tras subir de la concentración de Oviedo. Hoya había muchas más personas que ayer, hoy apenas quedaban espacios libres. La concentración de Oviedo está autorizada, el buen hacer de los promotores y de todos los asistentes (continuamente se hace un llamamiento al respeto, a no responder a ningún tipo de provocación, a no identificarse con ninguna sigla ni partido, a mantener ,en definitiva, una actitud de ciudadanía) sin duda ha sido la causa para que no sea desautorizada. Ahora los ojos están puestos en la Plaza de Sol y lo que ocurra en otros lugares.

Si en el post de ayer os propuse un artículo de Carlos Taibo, a quien por error llamé Paco, la propuesta de hoy es una reflexión de JOSÉ IGNACIO CALLEJA, experto en Moral Social Cristiana en Vitoria.

Escribo a vuela pluma, tengo prisa. Reconozco que me alegra esto del movimiento “Democracia Real Ya” o “15M”, en fin, la contestación social que despega estos últimos días. Llevamos tiempo diciendo que parece mentira que la calle no estalle en protestas sociales y, cuando estalla, hay nervios. Ahora parece que a nadie le viene bien, como si la contestación social debiera pedir cita, con “día y hora”, para dejarse ver.

Y así, aparecen los lamentos, que si quién estará detrás, que si a quién le convendrá, que sí durará o es flor de un día, que si es la anti-política, que si cada uno irá a la suya y terminará de mala manera, que si alterará sin “listas propias” el resultado de las próximas elecciones… Lo que quieran decir.

Todo esto y más, es cierto, y todo esto y más sigue dejando en el aire la pregunta por una realidad social que, ¡así!, pinta un negro futuro, y hasta excluye a miles y miles de personas en las sociedades ¡ricas! (y pobres).Y por muy cierto que sea que una gestión política más acertada que la española de Zapatero, habría de mejorar “algo o bastante” nuestra situación, ese “algo o bastante” sigue siendo muy “relativo” cuando se compara con la irresponsabilidad penal y económica de quienes más se beneficiaron de instrumentos absolutamente injustos de hacer dinero, y lo quieren seguir haciendo en el futuro.

Porque son las consecuencias de un mercantilismo que lo ha convertido casi todo en “finanzas” y que, cuando ha estallado y mostrado sus vergüenzas morales y políticas, ha huido hacia delante y está imponiendo su salida, caiga quien caiga.

Y por muchas vueltas que le den su administradores “políticos”, presentes o futuros, ¡hasta donde alcanza nuestra vista!, los mercados de dinero quieren seguir gobernando, y quieren que aceptemos como hondamente democráticos a “gobiernos” que deberán seguir gestionando los restos del naufragio si quieren subsistir.

Y cuando se les reprocha a los “activistas” de los movimientos sociales “Democracia Real Ya” que la política institucional es el cauce adecuado y único de participación, es necesario recordar que tan necesarias como las instituciones y las reglas comunes, son las condiciones materiales de la democracia. Porque la democracia son personas con “actitudes justas”, cosa que podemos pedir pero no imponer; “reglas comunes justas”, cosa que sí podemos exigir e imponernos; “objetivos humanos justos”, cosa que sí debemos desear y exigirnos; y “condiciones materiales mínimas de igualdad de oportunidades”, cosa que es irrenunciable verificar.

En lo concreto de la vida política cotidiana, las “reglas justas” son el instrumento de justicia social más modelable, pero “unas mínimas oportunidades iguales de vida” son irrenunciables” para que las reglas justas funcionen. Si las “reglas justas” no pueden ni aproximarse a una mínima igualdad en la vigilancia y control de los Gobiernos sobre los distintos modos sociales de crear y acumular riqueza; si hay que callar sobre qué riqueza, cómo se logra, a dónde va y de dónde viene, cómo compensa el esfuerzo de todos, que relación guarda con los pueblos más débiles; qué oportunidades de vida digna da a quienes se esfuerzan en ello; qué uso hacen de los bienes comunes de la humanidad; que transparencia mínima tiene la gestión de los bienes propios y el uso de sus frutos…

Si todo esto no puede ser preguntado, ni la política democrática tiene cauces para gobernarlo “mínimamente”, entonces ¿de qué pude quejarse si se la cuestiona como “lacaya” del poder económico y financiero? Me sorprende que no puedan entender que, en las presentes circunstancias, un movimiento social alternativo es una necesidad de la propia estructura política democrática para sobrevivir.

El tiempo dirá qué es socialmente trigo limpio y qué es hierba que se agosta, pero hoy, el grito y el movimiento de “indignaos” es una necesidad moral y política. Me alegro mucho de aparezca por doquier. Por la indignación empieza la lucha moral; por la indignación empieza la búsqueda política; por la indignación se conmueve y cambia la política que quiere repetirse mil veces, que sólo aspira a un futuro tranquilo diciendo, ¡no hay más caminos! Eso no es política, eso es servidumbre, una pieza más en la gestión neoliberal de la globalización financiera. Me alegro de la indignación social. Es una necesidad de los pueblos del mundo rico y nada digamos de los pueblos del mundo más pobre. ¡Me alegro!

Visto en eclesalia
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