Empresarios de la muerte

En el boletín semanal que publica Justicia y Paz, me encuentro con este interesante artículo de Jordi Calvo, miembro del Centre Delàs, de Justícia i Pau. En él se presentan de una forma breve algunos datos sobre la industria armamentista española. También permite tener acceso al Informe.

Hoy voy a hacerme eco del último informe sobre las exportaciones españolas de material de defensa de 2010 del Centre Delàs d’Estudis per la Pau, de Justícia i Pau. No sólo para mostrar algunos datos que nos escandalizan año tras año, sino para hacer una reflexión sobre quienes se lucran del negocio armamentístico.

España vendió en el 2010, con consentimiento del Gobierno (porque toda venta de armamento tiene que estar aprobada por el Gobierno español), 1.128 millones de euros, un 16% menos que el 2009. Pero no nos dejamos engañar por este coyuntural (por la crisis, supongo) descenso, porque las ventas del 2010 han sido un 388% superiores respecto al 2001.

Este año, el Estado español se ha situado en la novena posición en el ranking mundial de países exportadores de armamento, consiguiendo el 2% del total mundial y el 0,6% del total de la balanza comercial española. Cada día España exporta 3 millones de euros en armas, muchas de ellas a países en conflicto armado o donde se violan los derechos humanos. Pero del destino de nuestras armas hablaremos con más detalle otro día. Centrémonos hoy en la enfermiza codicia de los empresarios que producen y venden estas armas y que además proponen al Gobierno su venta a países donde están siendo usadas para disparar sobre la población civil. Estas personas que se enriquecen con el sufrimiento ajeno merecen todo el desprecio del mundo.

El negocio de la violencia armada es inmoral y en muchos casos ilegal. Los empresarios de la muerte, personas sin escrúpulos y sin un ápice de moralidad, no dejarán de vender armas a Gaddafis de todo el mundo, porque sólo piensan en ser más ricos (como tanta gente) sin importarlos los otros. El Gobierno es cómplice porque consiente todas las ventas de armamento de este país. También consintió vender bombas de dispersión a Gaddafi. Sólo con mayor control y una aplicación estricta de la ley sobre comercio de armas se puede poner algún freno al negocio armamentístico.

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