La más terrible arma de destrucción masiva

El siguiente artículo es de Matteo Guainazzi, miembro de ATTAC España, y ha sido publicado en La opinión de Murcia. Visto en la web de Attac

En 2007-08 los precios de los principales alimentos alcanzaron niveles récord, elevando el número de las personas que en el mundo padecen desnutrición crónica a 115 millones. El Banco Mundial, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación (NU), la Organización para la Cooperación y de Desarrollo Económico coinciden en atribuir buena parte de la responsabilidad de esta crisis a los mercados financieros.

El arma de destrucción masiva en esta matanza mundial han sido los productos financieros derivados. Se trata de inversiones que, literalmente, “apuestan” sobre el precio futuro de un activo de referencia. Este activo puede ser una materia prima como arroz, maíz u otro cereal. Estas inversiones especulativas tienen dos efectos sobre el precio de los alimentos.

En primer lugar crean una gran volatilidad a corto plazo; los especuladores pueden mover millones de dólares en cuestión de segundos, y los precios de los “activos de referencia” los siguen. Esta volatilidad golpea a los más pobres: si los precios suben, no pueden comprar suficiente comida (un habitante del Sur Global gasta en promedio el 80% de sus ingresos en alimentos); cuando los precios bajan, los campesinos quiebran, ya que no tienen un colchón financiero que les permita superar la falta de liquidez.

Además, hay productos financieros que directamente apuestan a una subida de los precios a largo plazo. La misma rapidez de las transacciones financieras favorece el comportamiento gregario de los inversores (todo el mundo sigue las ´ondas alcistas´ sin pensar). Se estima, por ejemplo, que hoy entre el 30% y el 60% del precio del petróleo se debe a las ´apuestas´ del mercado financiero sobre el inicio de una próxima fase de desabastecimiento. Mientras que el porcentaje global de especuladores de alimentos ha aumentado del 12% al 65% entre 1996 y 2008, el precio de los alimentos se ha duplicado entre 1999 y 2011.

No debería sorprender a nadie que las grandes corporaciones financieras globales sigan cosechando ingresos fabulosos en plena crisis: Goldman Sachs ganó cinco billones (con “b”) de dólares en 2009 a través de inversiones en productos derivados de materias primas; JP Morgan 1,2 billones, y Barclays Capital 340 millones en 2011.

Frente a todo esto, ATTAC pide la prohibición global de los productos derivados de materias primas, un impuesto global sobre las transacciones financieras y la gestión 100% pública de todos los servicios que garantizan derechos sociales.


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Una respuesta a La más terrible arma de destrucción masiva

  1. Un Montañero. dijo:

    La mayor arma de destrucción masiva se llama capitalismo. Es el culpable de la gran diferencia de clases existente a principios del siglo pasado, y que se está produciendo otra vez ahora. Cuando existía el bloque del este, aunque no fuese un sistema político ideal para su población, por lo menos el capitalismo se vendía como la alternativa “buena”, dejando ver sólo su cara positiva, por miedo a que pasase en otros países lo mismo que pasó en Rusia o China. Ahora, como no hay nada en su contra, se desmadra como quiere, y termina con todo. El único consuelo que me queda es que, cuanto más fuerte pegue, más fuerte va a recibir, aunque sea dentro de 1000 años.

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