Demasiados niños pobres en España

Esta entrada ha sido escrita por MARTA ARIAS, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia en UNICEF España, en el blog 3500 Millones, un blog de El País.

Unicef hizo público ayer el informe La infancia en España 2012-2013: El impacto de la crisis en los niños.

A estas horas el dato ha sido difundido por todos los medios de comunicación: la pobreza, en España, tiene rostro de niño. Exactamente, el rostro de cada uno de los 2.200.000 niños y niñas que viven por debajo del umbral de la pobreza. 

Pero, ¿qué significa exactamente ese tecnicismo? Para alguien que trabaja en una organización que es generalmente reconocida por hablar de la desnutrición infantil en el Sahel o el Cuerno de Africa, no siempre resulta fácil explicar qué significa ser un niño pobre en España. Ni por qué le prestamos atención. Vamos a hacer un intento.

Tradicionalmente, la pobreza se mide en los países pobres en términos absolutos: personas que viven con menos de 1 dólar al día. Pero en los países ricos, la medida es la desigualdad: cuántas personas viven considerablemente por debajo de unos ingresos considerados estándar en función de la “normalidad” de ese país. Y esa tal vez sea la idea de fondo, la ausencia de “normalidad”. Los niños de los que estamos hablando viven en familias con serias dificultades para llegar a fin de mes. Y para pagar el comedor escolar, los libros de texto, las actividades extraescolares, la factura del dentista, las gafas para poder seguir la clase o un gasto imprevisto como una avería en la calefacción. En los casos más extremos, son niños afectados por las ejecuciones hipotecarias o que acuden por primera vez a comedores sociales.

Pero, si no estamos hablando de hambre o pobreza extrema… ¿por qué debe preocuparnos?

En primer lugar, porque el derecho de todo niño “a un nivel de vida adecuado para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social” constituye una obligación legal para España, desde que en el año 1990 ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño. En segundo lugar, porque estamos hablando de uno de los colectivos más vulnerables en cualquier sociedad, en los cuales un contexto de privaciones, aunque sea temporal, puede tener consecuencias irreversibles en aspectos clave como los resultados educativos o los niveles de salud (en un país donde el 44,5% de los niños de 6 a 9 años sufre obesidad o sobrepeso, el dato de que más del 40% de los españoles confiese recortar gastos en alimentación debería preocuparnos).

Si esto no parece suficiente, debemos prestar atención a la infancia también por nuestro propio interés, porque lo que les ocurre hoy a los niños no es más que un anticipo de lo que nos va a pasar a todos como sociedad dentro de unos pocos años. Si nos permitimos dejar atrás a más del 26% de los niños y niñas en este momento, sin duda no estamos haciendo más que acumular probabilidades de sufrir importantes problemas sociales y económicos en los años siguientes.

No es una cuestión de colores políticos. Ni en los buenos ni en los malos tiempos hemos sido capaces de rebajar los niveles de pobreza infantil ni de generar un sistema suficientemente sólido de protección social para abordarla. De hecho, ya en 2009 España era el quinto país (de 35 analizados) que menos capacidad tenía para reducir esta lacra. Pero esto constituye precisamente una gran fuente de oportunidad: en tiempos difíciles, tenemos que ser capaces de alcanzar algunos consensos básicos entre los cuales la infancia tendría que ocupar un lugar preferente.

Ya se ha dado algún avance en esta dirección. De cara a las Elecciones Generales de 2011, casi todos los partidos políticos se comprometieron a adoptar un Plan Nacional contrala Pobreza Infantil.Sea como un plan específico o sea como medidas concretas incluidas en otros planes, contar con una visión estratégica de lo que se quiere lograr y cómo lograrlo ayudaría sin duda a empezar a ponernos manos a la obra. Aspectos como el establecimiento de un paquete mínimo de beneficios para los niños, común en todas las administraciones públicas, ayudaría también a abordar otro de los grandes problemas del sistema español: la débil coordinación en la acción a distintos niveles administrativos.

Los propios niños son capaces de ver el lado positivo de la crisis, y también de plantear sus propuestas. Como dice uno de ellos en este vídeo “si nos tuvieran en cuenta, saldrían cosas”. Ojalá que salgan.

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