Una crisis transgénica

Con este título, Gustavo Duch, recogía en su blog un artículo publicado el El periódico de Aragón sobre los transgénicos. Un día antes, el mismo autor, publicaba en El Correo del Sol, otro artículo sobre Monsanto. Creo que la lectura de ambos artículos es sumamente interesante. Aquí van ambos.

Crisis en el campo

José Miguel y Juan Carlos discuten en el campo sobre un tema ya habitual.

─ Pero Juan Carlos, ¡los transgénicos pueden ayudar a terminar con el hambre en el mundo! Juan Carlos, agricultor de siempre, mira a su alrededor los campos de maíz modificados genéticamente que han invadido su tierra, Aragón, y piensa, cansado del mismo debate con el compañero ingeniero y entusiasta de las tecnologías, «curioso combatir el hambre con cultivos que solo come la ganadería de los países ricos».

―Además, amigo, los transgénicos son más productivos- continúa José Miguel. Y el agricultor, rascándose la barbilla pronunciada que esconde su barba quijotesca, piensa en el trabajo de los compañeros de la cooperativa de Binéfar, que demuestra más bien lo contrario.

―Con los transgénicos ya no se usarán pesticidas. Y el agricultor, sabiendo que el uso de tales venenos no ha decaído, se lleva instintivamente la mano a la nariz pues andan cerca de un campo cultivado de maíz transgénico, lo huele. En su finca de los mil y un cultivos y ningún veneno, hasta los insectos ayudan en las tareas agrícolas y las llamadas ‘malas hierbas’ son buenísimas como abono de la tierra. Pero no pierde la paciencia y sigue atento a los comentarios del biotecnólogo.

―Y en cualquier caso―insiste José Miguel― si no te gustan los transgénicos no hay problema, no los cultives. Y calla de nuevo el agricultor, sólo para sus adentros pronuncia su rabia. Cuántos campesinos y campesinas en el mundo -a todos los siente hermanos de profesión- han visto que sus cosechas con semillas nativas y a veces cultivadas ecológicamente, han sido contaminadas por polen de variedades transgénicas, perdiendo todo su valor y vulnerada su soberanía. En Aragón mismo no puede ya cultivarse otro maíz que no sea el transgénico. ¿Qué pensarían sus predecesores campesinos que guardaron tantos tipos de semillas durante generaciones?

Crisis de las soberanías

El campo, al perder soberanía, ha quedado sujeto a los mercados internacionales, a las imposiciones de las grandes corporaciones y a modelos productivos muy exigentes en insumos. Los resultados del trabajo en una finca, con el esfuerzo de las manos campesinas, se deciden en movimientos especulativos de la Bolsa de cereales en Chicago o en los despachos de Bruselas ocupados por personas muy condescendientes con los intereses de la agroindustria. El agricultor o agricultora, sin soberanía, han pasado de ser las personas encargadas de proveernos de alimentos a ser una pieza ninguneada en una larguísima cadena alimentaria.

Y todo esto a la ciudadanía no nos resulta ni lejano ni ajeno. Porque la crisis que tenemos encima puede perfectamente entenderse como una crisis de soberanías. Este sistema capitalista neoliberal se sustenta –aunque parezca lo contrario- en un hurto de nuestras libertades y nuestra capacidad de decidir. La democracia ha sido secuestrada por una clase política que no sirve a los pueblos sino a los poderes financieros, que son los bancos y también las grandes corporaciones. E igual que ocurre en el campo, nuestro futuro ya no depende de nosotros mismos, hasta eso nos robaron, y somos una pieza que se compra y vende en el monopoly global. Ni tirar los dados podemos.

Por eso, la lucha contra los transgénicos sigue siendo –con la crisis como protagonista en el escenario- un buen ejercicio colectivo que agrupa múltiples sensibilidades: la ecologista, la campesina, la consumidora, pero sobretodo llama a la ciudadanía que, abanderando la agricultura campesina a pequeña escala, las cooperativas de consumo, la banca ética, la colectivización de bienes naturales, las monedas locales o las fórmulas de economía solidaria, está luchando por recuperar las soberanías como elemento central para hacer de la crisis el cambio a una nueva sociedad.

Quienes resistieron en el campo con la agricultura de siempre, como Juan Carlos, y quienes vuelven hoy a él para llenarlo de vida ejerciendo el derecho a producir alimentos sanos, ya están en marcha en este camino, que tiene una meta irrenunciable: construir y recuperar escenarios donde el disfrutar, reír y gozar sin explotar a las personas ni a la Tierra, pueda reproducirse.

─José Miguel ─dice Juan Carlos ─con semillas estériles sólo las injusticias se reproducen.

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LES FALTA UN GEN

Los dueños de Monsanto andan rabiosos por sus malos resultados:
  • En Brasil, los gusanos del taladro ya son inmunes a la toxina que Monsanto incorporó a los maíces. Y como no les mata, les engorda.
  • El veneno que inventaron para matar a todo aquello que viva menos a sus plantas transgénicas, ya no es eficaz y más de la mitad de las fincas de EEUU cultivadas con esas plantas están plagadas de malezas. Mejor dicho, sanas hierbas que aprendieron a reírse de la multinacional.
  • Y a su pesar, la ciencia independiente muestra cánceres en ratas alimentadas con el maíz transmutado.

Ante las movilizaciones planetarias que exigen detener su Ciencia-Maldición, Monsanto ha conseguido en EEUU una cláusula legal que les permite ignorar las órdenes judiciales de suspensión de siembra de cultivos transgénicos, sea por irregularidades en su aprobación, por falta de evaluación de impactos ambientales o de salud o por cualquier otra razón. Con el tubo de ensayo en una mano y la chequera en la otra se sienten dioses por encima del bien y del mal.

¿Cómo puede creerse Monsanto que con leyes contra las leyes podrá detener a los pueblos y a la propia Naturaleza? A lo mejor es cosa de las mutaciones y les falta un gen: son in-genuos.

Gustavo Duch Guillot (1965, Barcelona) licenciado en Veterinaria y Postgrado en Dirección de Empresas. Su primera empresa fue colaborar en la construcción de un espacio para acercarse a la realidad rural de los países del Sur, Veterinarios sin Fronteras fundada en 1987, y de la que fue su Director hasta el 2009. También, en el ámbito de la cooperación al desarrollo ha sido miembro de la Junta Directiva de la Federación Catalana de ONGD y Presidente de AGORA NordSud. Es autor de numerosos libros
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