Escuela de cometas

A finales de septiembre publicaba Miguel Ángel Santos Guerra, en su blog El Adarve, este delicioso texto en el que, usando el símil de una cometa, nos habla de como educar. Merece la pena leerlo y disfrutarlo.

La tarea educativa es emancipadora, no coercitiva; estimulante, no cercenadora; liberadora, no impositiva; empoderadora, no debilitante. La educación busca y celebra la independencia de los alumnos, no su sometimiento. La educación genera autonomía, no dependencia al pensamiento y a la voluntad de los demás.

He leído en el libro “Aplícate el cuento”, de Jaume Soler y M. Mercè Conanglia, esta sugerente reflexión sobre la tarea educativa. Una reflexión en la que se compara a los niños con cometas. Los autores atribuyen la metáfora a Erma Bombeck, la famosa periodista y escritora americana. Esta prestigiosa mujer, cuyo primer trabajo fue escribir obituarios en el Journal Herald de Dayton, dice en ese artículo:

“Te pasas la vida tratando de hacerles volar. Corres con ellas hasta quedar sin aliento. Caen al suelo. Chocan contra los tejados. Tú las remiendas, las ajustas y les enseñas. Observas cómo el viento las mece y les aseguras que un día podrán volar… Finalmente vuelan.

Necesitan más hilo y tú sueltas más y más, y sabes que muy pronto la bella criatura se desprenderá de la cuerda de salvamento que la ata y se elevará por los aires, como se espera que lo haga, libre y sola. Solo entonces te das cuenta de que has hecho bien tu trabajo”.

Comparto esa concepción de la educación. Se trata de una tarea que genera autonomía y libertad. De una tarea que no las recorta, que no las somete, que no las destruye. La persona alcanza con la educación las más altas cotas de autonomía y libertad, como sucede con las cometas.

Una cosa es educación y otra, muy diferente, adoctrinamiento. El adoctrinador trata de imponer valores, de meterlos por la fuerza en la vida del educando. Pero un valor que se impone por la fuerza deja de ser un valor. El adoctrinador no respeta la libertad del educando.

Muchas veces se ha adulterado la esencia de la tarea educativa. Se ha pretendido que el educando reproduzca el esquema de valores del educador, en lugar de ayudarle a construirlo por sí mismo. La tarea del educador no es conseguir que el educando piense como él sino que aprenda a pensar por sí mismo. La finalidad de la educación no es conseguir buenos súbditos, sino personas autónomas que sepan capaces de pensar, decidir y actuar por sí mismas. De volar solas.

No se trata de dejarlo solo sino de ayudarle a ser él mismo. Lo que demanda quien se educa a quien tiene la tarea y el deber de educar es lo siguiente: Ayúdame a ser yo mismo, ayúdame a hacerlo solo. Ayúdame a volar. Dame cuerda de forma progresiva. Hay obstáculos contra los que se puede chocar, entre los que se puede enredar la cuerda e impedir el vuelo. Tejados de prejuicios, antenas de malos ejemplos, chimeneas de violencia, paredes de sobreprotección. Nadie puede volar por otro.

Toda metáfora explica parte de la realidad, pero deja otras sin explicitar. Por ejemplo, en esta no se muestra de manera fehaciente la influencia, casi siempre beneficiosa, que ejerce el educando en el educador y que reflejo en el título de uno de mis libros: “Yo te educo, tú me educas”.

Muchas metáforas sobre la educación adolecen de este defecto. Decir que el educador es como un alfarero que modela, como un escultor que cincela o como un jardinero que cultiva, pone de relieve una equívoca dimensión asimétrica. Como si una de las partes fuera la que actúa y la otra fuese totalmente pasiva y recipiendaria de la acción benefactora (suponiendo que siempre tuviera esa condición) de quien actúa. Digo esto, porque muchas veces esa influencia ha sido nociva. Algunas veces es el alfarero quien ha roto la pieza, el escultor quien ha hecho una birria y el jardinero quien ha tronchado la planta.

Tener clara la idea de lo que hay que hacer es una parte importante de la tarea. ¿Cuál es la esencia de la tarea educativa? Desde mi puno de vista se trata de conseguir personas libres y no súbditos, personas independientes y no sometidas al pensamiento o la voluntad de los demás. Pero hay otra no menos importante que es saber cómo conseguirlo. No se puede conseguir pensamiento autónomo si solamente se piden repeticiones acríticas; no se puede generar autonomía en una institución jerárquica; es imposible ser uno mismo en un sistema alienante.

La cometa tiene que volar sola, tiene que independizarse de la mano que la ha dirigido inicialmente. Tiene que ser ella misma, sin más dependencia que los impulsos del viento. Para ello necesita un lugar abierto y un tiempo propicio para el vuelo.

¿Cómo aprende la persona esa autonomía? No a través de manuales, no a través de instrucciones precisas. Se aprende con actitudes y acciones que conduzcan a la autonomía y a la libertad:

Pensar por uno mismo. No basta repetir sin comprender. Hay que analizar, criticar, argumentar con libertad.
Criticar con rigor. Hay que ejercer la discrepancia bajo las exigencias de la argumentación y no del capricho.
Participar activamente en la familia, en la sociedad y en la escuela, asumiendo responsabilidades.
Decidir con valentía e inteligencia en todos los asuntos relacionados con la propia vida
Arriesgarse en grados progresivos sacudiendo los miedos y la excesiva prudencia.
Reconocer los errores que han nacido de la mala gestión de la libertad.

Si el entrenamiento consiste en repetir mecánicamente lo que otros dicen o piensan, en dar por bueno todo lo que plantea la autoridad, en obedecer todos sus dictámenes, en dejar las decisiones en manos de otros y en no arriesgarse en lo más mínimo por miedo a equivocarse, será difícil o imposible alcanzar la autonomía que nos convierte en auténticas personas y no en marionetas cuyos hilos manejan otras manos.

La escuela y la familia deben encaminar sus pretensiones a la consecución de verdaderos ciudadanos y no de súbditos manejables. Deben buscar la formación de personas libres y no de autómatas carentes de criterio y decisión propios. Hay muchos elementos alienantes en una sociedad cuyo poder es corrupto y despótico, cuyos medios de comunicación son superficiales y tramposos y cuya escuela es jerárquica, rígida y repetitiva.

Me preocupa que el quehacer educativo esté más encaminado a la socialización que la verdadera educación. Porque la socialización nos puede conducir al éxito en una sociedad de estúpidos y corruptos. La educación nos llevaría a ser inadaptados, pero lúcidos y honestos.

Hay que asumir riesgos. Una cometa que se pliega y que se guarda en un cajón por miedo a que se rompa no corre el riesgo de enredarse en la veleta de una torre, pero nunca aprenderá a volar libremente.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Educación. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s