Lo que no se está diciendo sobre Ucrania

En el post de hoy van dos artículos en lugar de uno. Ambos de Vicenç Navarro, publicado en Público, el 18 de marzo. Este primer artículo que es el que da título al post nos situa en el contexto de las revueltas que acabaron con el gobierno de Ucrania. El segundo, publicado en la revista digital SISTEMA 21, analiza los intereses de la Unión Europea y Estados Unidos sobre Ucrania

La gran mayoría de medios españoles están presentando la situación que ocurre en Ucrania como un alzamiento popular en contra de un gobierno corrupto y sumamente impopular. De ahí que esté generando una simpatía generalizada, favorecida por unos medios que, todavía estancados en la ideología de la Guerra Fría, ven a Rusia como el enemigo. Y puesto que Rusia había apoyado a ese gobierno, mientras que los que se le opusieron favorecían más su conexión con la Unión Europea, se explica la lectura tan favorable de la revuelta popular contra el gobierno, la cual ha acabado deponiéndolo, aun cuando dicho gobierno había sido elegido democráticamente.

Ni que decir tiene que la revuelta contra el gobierno depuesto ha sido una revuelta popular. Pero la realidad es más complicada que la que los medios anuncian. En realidad, no se ha señalado (con la excepción de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Alemania) que hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de gran poder. El partido nazi se llama paradójicamente Libertad (Svoboda) y sus miembros en el gobierno son el ministro de Defensa (Igor Tenyukh), el viceprimer ministro para Asuntos Económicos (Aleksandr Sych, que es el ideólogo del partido que ha presionado, entre otras medidas, para que se prohíba el aborto), el ministro de Agricultura Igor Shvaika (uno de los mayores terratenientes de Ucrania), el ministro de Ecología (Andriy Moknyk, que había sido la persona de contacto con grupos nazis europeos), el director del Consejo Nacional de Seguridad Andry Parubiy (y director de la milicia militar del partido), el Fiscal General del Estado (Oleh Makhnitsky), y el ministro de Educación Serhiy Kvit, entre muchos otros. El poder de este partido condiciona claramente al nuevo gobierno de Ucrania.

Dicho partido fue fundado en 1991, presentándose como el sucesor de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (ONU) fundada por un personaje, Stepan Bandera, clave en la historia reciente de Ucrania. El partido Svoboda lo presenta como su máxima inspiración. Fue definido como un héroe nacional en el año 2010 por el Presidente Victor Yushchenko, más tarde sustituido por el democráticamente elegido Yanukovich, el Presidente del gobierno depuesto como resultado de la revuelta popular. Este último gobierno retiró el honor que se había concedido a Bandera, aunque es más que probable que el nuevo gobierno lo restituya.

Bandera, cuyo homenaje conllevó la protesta de la Tribunal Europeo de Justicia (European Court of Justice), fue el mayor aliado del régimen nazi de Hitler en Ucrania, habiendo dirigido dos batallones que se integraron en las SS nazis alemanas en su lucha contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial (según el Centro Simon Wiesenthal, esos batallones detuvieron a 4.000 judíos ucranianos, enviándolos a campos de concentración nazis en Lviv en julio de 1941). En los escritos de la organización fundada y dirigida por Bandera (ONU) se habla explícitamente de la necesidad de limpiar la raza, eliminando a los judíos. El Profesor de Historia de la Tufts University Gary Leupp, en su detallado artículo “Ukraine: The Sovereignty Argument, and the Real Problem of Fascism” (CounterPunch, 10.03.2014), del cual extraigo todos los datos que presento en esta primera parte del artículo, cita textos enteros mostrando el carácter nazi de dicha organización. Cuando la Alemania nazi invadió Ucrania, Bandera declaró su independencia, cuyo gobierno trabajó “muy próximo y hermanado con el nacionalsocialismo de la Gran Alemania, bajo el liderazgo de Adolf Hitler, que está formando una nueva Europa”.

El partido dominante en el nuevo gobierno de Ucrania, Svoboda, se considera orgulloso heredero del ONU, y quiere purificar la sociedad ucraniana, persiguiendo violentamente a homosexuales, prohibiendo el aborto, estableciendo un orden jerárquico y disciplinado, enfatizando la masculinidad y la parafernalia militar, llamando a la expulsión de la mafia judía moscovita y eliminando el comunismo, comenzando por la prohibición del Partido Comunista y la persecución de sus miembros o intelectuales afines. Piensa también eliminar más tarde a todos los partidos. En realidad, el programa no puede ser más claro. En el año 2010, la web del partido indicaba “Para crear una Ucrania libre… tendremos que cancelar el Parlamento y el parlamentarismo, prohibir todos los partidos políticos, estatalizar todos los medios, purgar a todo el funcionariado y ejecutar (término que utilizan) a todos los miembros de los partidos políticos antiucranianos”. El Congreso Mundial Judío (World Jewish Congress) declaró a este partido como partido neonazi el mayo del año pasado.

¿Cómo es que un partido nazi está gobernando hoy Ucrania?

Las movilizaciones populares que terminaron con el gobierno eran en su mayoría movilizaciones espontaneas, con escasa estructura organizativa. De ahí que un grupo, incluso armado, con apoyo político internacional, pudiera adueñarse fácilmente de aquellas movilizaciones, jugando un papel importante en las etapas finales del movimiento popular. Y, por paradójico que parezca, tanto EEUU como la UE jugaron un papel clave en esta promoción. En realidad, EEUU más que la UE. Fue precisamente Victoria Nuland, responsable del Departamento de Estado para Asuntos Europeos y Euroasiáticos (una funcionaria de la ultraderecha dura nombrada por el Vicepresidente Cheney durante la Administración Bush, y que sorprendentemente fue mantenida en este cargo por la Administración Obama) la que apoyó más fuertemente y abiertamente al partido Svoboda, pues era el más antiruso de los grupos que existían en esas manifestaciones. Fue este personaje la que utilizó la famosa expresión “¡Que se joda la UE!” (“Fuck the EU!”), insistiendo en que el gobierno tenía que tener en cuenta a Svoboda, por muy mala imagen que ello creara. En realidad, dicho partido, en las últimas elecciones, solo ha recibido un 10% del voto. Pero su enorme influencia no deriva de su apoyo popular, sino de las maquinaciones que han tenido lugar, en las que el gobierno estadounidense y el alemán han jugado un papel central. Ambos desean expandir el área de influencia de la OTAN hacia el este de Europa, y ven la situación de Ucrania como favorable a ello. El miembro de Svoboda que es ministro de Defensa es favorable a la OTAN y ha estudiado en el Pentágono en EEUU.

¿Cuál es el futuro de Ucrania?

Hoy las elites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte se encuentran en una situación conflictiva. Por un lado, está el complejo militar industrial de EEUU, que está muy a la defensiva (debido a los recortes tan notables del gasto militar del gobierno federal, resultado del hartazgo de la población estadounidense hacia las campañas bélicas que caracterizan la política exterior de EEUU) y que desea reavivar por todos los medios la Guerra Fría para justificar la recuperación de su papel central en el sistema político-económico estadounidense.

Pero esta estrategia choca claramente con los intereses financieros y económicos de la UE y también de EEUU. Rusia es el tercer socio comercial de la UE después de EEUU y China, con un intercambio comercial de más de 500.000 millones de dólares en 2012 (Bob Dreyfuss “Capitalism Will Prevent a Cold War Over Ukraine”, The Nation, 10.03.2014). Alrededor del 75% de todas las inversiones extranjeras en Rusia proceden de la UE, siendo Rusia la mayor proveedora de gas de la UE. Y el capital de los grandes oligarcas rusos está en bancos europeos, en su mayor parte en la City de Londres. Hoy, el gran capital financiero e industrial no desea una Guerra Fría. En realidad, gran parte del armamento de Rusia es construido hoy en Suecia y Francia (la última compra es de helicópteros, 1.700 millones de dólares). De ahí que por mucho que se hable de penalizar a Rusia, poca acción militar es probable que ocurra. No estamos en la primera página de la III Guerra Mundial, pero ello no implica que no estemos viendo el resurgimiento del nazismo, apoyado paradójicamente por élites gobernantes a los dos lados del Atlántico norte, que representa la mano dura necesaria para llevar a cabo las políticas de corte neoliberal que el gobierno ucraniano realizará para facilitar su integración en la UE.

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La imagen más generalizada de lo que ocurre en Ucrania es la de que un movimiento popular se ha extendido, deponiendo a un gobierno autoritario y corrupto que había dejado de tener apoyo entre la población como resultado de una serie de decisiones, incluyendo su escaso entusiasmo por la futura integración en la UE y el consiguiente acercamiento hacia Rusia como aliado preferente. La mayoría de la población que se alzó contra el gobierno deseaba que el partido gobernante se acercara más al Oeste que al Este.

Hasta ahí la percepción generalizada, la cual tiene bastantes elementos que concuerdan con la realidad. Pero no todos. Y algunos son claramente insuficientes. En esta imagen que se presenta se ignoran otros intereses, pues, aun cuando se ha hablado mucho de los intereses de Rusia en Ucrania, y muy en especial en Crimea, apenas se ha hablado de los intereses de la UE en aquel país.

Pero comencemos primero por algunas notas aclaratorias de la situación real. Una es que esta revuelta, auténticamente popular, está siendo instrumentalizada por una alianza que tiene muy poca sensibilidad o motivación democrática. En realidad, el movimiento nazi de ultraderecha Svoboda, caracterizado por su ultranacionalismo, está dominando la dirección de aquel movimiento, en coalición con el movimiento liderado por la presidenta anterior, Yulia Timoshenko, que había sido condenada por los tribunales por abuso de poder.

Las fuerzas que han apoyado esta transferencia del liderazgo han sido precisamente la UE y EEUU (mucho más la primera que el segundo). ¿Por qué? Ahí hay tantas teorías como analistas. Pero, una que parece consistente es que la economía está en una situación desesperada. El gobierno elegido, que ha sido depuesto, iba a obtener prestados 15.000 millones de dólares del gobierno ruso. La retirada de este apoyo crea un problema grave a Ucrania. De ahí que la Troika (mira por donde, aparece por todas partes), que favorece el distanciamiento de Ucrania de Rusia y su acercamiento a la UE, piense en proveer esta “ayuda económica” a condición de que se hagan los cambios predecibles mostrados en las políticas de austeridad aplicadas ya en otros países. La Troika ya ha presentado a Letonia como un ejemplo a seguir. En aquel país, las políticas de austeridad forzaron la emigración del 10% de la fuerza de trabajo, siendo uno de los países del Este donde un mayor número de suicidios y homicidios ha tenido lugar en los años de la reforma.

La Troika sabe que las políticas de austeridad requieren mano dura, de lo que son conscientes los nuevos dirigentes de la revuelta, que, con jocosidad y cierto humor negro, se han presentado voluntarios para gobernar por un periodo corto, sabiendo que la enorme impopularidad de las medidas a tomar no permitirá su continuidad en un sistema electoral democrático. De ahí que se autodefinan como “el gobierno del suicidio político”, conscientes de su próxima impopularidad.

No sería, pues, de extrañar que la ilusión de la población por la Unión Europea desaparezca pronto cuando descubran, en sus propias carnes, lo que supone el coste de su pertenencia a la UE. Pasará probablemente en Ucrania lo que ha pasado en España: que el sueño europeo se ha ido transformando en la pesadilla europea. La integración en Europa significará la apertura de Ucrania al capital, predominantemente financiero, que especulará, como hizo en España, con la propiedad de la tierra y otros recursos nacionales, que dejarán pronto de ser nacionales para pasar a ser extranjeros. Esta es, por cierto, la experiencia de los países del este de Europa. Ser objeto de la especulación financiera, por un lado, y mano de obra barata para las empresas europeas y, muy en especial, alemanas, que pronto sustituirán a las empresas nacionales, por el otro. Esta ha sido la situación de Letonia, Eslovenia, Rumanía, Hungría y otros países que, uno tras otro, se han integrado en la Unión Europea.

Y todo ello apareciendo como una nueva encarnación de la Guerra Fría. Rusia está pasando a sustituir a la Unión Soviética como el posible nuevo enemigo de Occidente. A fin de diluir los lazos históricos entre Ucrania y Rusia, una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue abolir la ley que protegía el uso de la lenguas minoritarias, entre ellas el ruso, hablado mayoritariamente en la parte este del país, así como prohibir el Partido Comunista, que ha tenido su mayor apoyo en estas partes de Ucrania, movimientos todos ellos que han generado una respuesta militar de Rusia (para salvar su base militar naval en Crimea)

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