Foro Social Mundial de Túnez: entre la atrocidad y la fraternidad

El autor de este artículo, a quien me une un gran cariño y amistad, José Luis González Miranda, del Servicio Jesuita a Migrantes, hace un análisis del Foro Social Mundial de Túnez. Un análisis que, partiendo de los actos atroces que encuadran el Foro, intenta avanzar en la búsqueda de la fraternidad. el artículo se ha publicado en la web de Apostolado Social de la Conferencia de provinciales Jesuitas de América latina (CPAL)

La fiesta de quince años del Foro Social Mundial (FSM) se celebró en Túnez empañada por un atentado previo y por los naufragios de migrantes a pocos kilómetros de sus costas en los días siguientes a su clausura. Pero el Foro, con sus propias fragilidades, propone la ciudadanía universal para enfrentar la tragedia de la migración actual, víctima de una globalización fratricida.

1) La atrocidad

El atentado del Estado Islámico contra el Museo del Bardo, el 18 de marzo, iba dirigido contra ese sector de la movilidad humana que transita legalmente: los turistas. Las víctimas pertenecían a 10 nacionalidades diferentes de países enriquecidos. Y los naufragios de abril frente a las costas de Túnez han provocado víctimas entre ese otro sector de la movilidad humana al que no se le permite transitar: más de 1500 migrantes muertos, pertenecientes a muchas nacionalidades de países empobrecidos. ¿Ambas atrocidades tendrán que ver con la misma globalización?

El atentado hizo que muchos participantes anularan su viaje a Túnez. Por ejemplo, la delegación de Secours Catholique había invitado a más de 70 personas y a Túnez llegamos unos 40. Los organizadores del FSM hablan de más de 50 mil participantes procedentes de 120 países, pero si nos fiamos de los stands, los ponentes en los talleres y los grupos festivos que se encontraban por el campus de la universidad El Manar, la conclusión es que fue un Foro predominantemente árabe. En segundo lugar estaba la presencia de África subsahariana. Fuera de esos dos grupos se notaba una gran ausencia de Asia y América, e incluso de Europa, a excepción de Francia, tal vez por la francofonía del país anfitrión.

Frente a la atrocidad del atentado, la fraternidad del diálogo es la propuesta del Foro. El año 2001 ya mostró esa doble respuesta a la globalización: fue el año del primer FSM y el año de los atentados a las torres gemelas. Pero entre los stands del FSM de Túnez lo mismo se encontraba a una organización con carteles de Gandhi que al lado otra con carteles de coroneles, comandantes y muyahidines.

Otro atentado es posible!… parafraseaban algunos la consigna altermundialista. Durante toda la semana del 22 al 29 de marzo las medidas de seguridad quitaron espontaneidad y confianza en las actividades del Foro. No podíamos salir solos. Secours Catholique nos proporcionó un celular a cada uno, y se formaron grupos para que todos tuvieran un responsable de seguridad. La catedral, a menos de cien metros de donde nos hospedábamos, permaneció con sus puertas cerradas todos los días, y a la Misa de la tarde había que entrar por una puerta lateral que daba a la sacristía. El último día nos reveló el párroco –un argentino- que la policía les había advertido, inmediatamente después del atentado al Museo, que los terroristas podían atentar contra la catedral. Si nos lo hubiera dicho desde el primer día hubiéramos hecho lo que dice el evangelio: para orar enciérrate en tu cuarto!

2) La fraternidad

Más que un movimiento de movimientos el FSM es una feria de movimientos. Cada quien escoge lo que le gusta en stands y talleres temáticos: Tratados de Libre Comercio, deuda, cambio climático, extractivismo, migración, etc. Los últimos dos días se organizan ”asambleas de convergencia” que reúnen a los interesados en una misma temática. Pero incluso en esa convergencia no hay unidad en cuanto a qué se pretende como resultado final. Unos, por evitar manipulaciones políticas, intentan que el fruto se quede en experiencias compartidas y en facilitación de contactos y alianzas. Otros, urgidos por la transformación social y política, buscan acuerdos y líneas de acción globales. Algunos acusan a las ONGs de controlar el FSM para mantenerlo en el primer modelo, y algunas ONGs acusan a los activistas políticos de querer instrumentalizar ideológicamente el FSM.

Este conflicto se vivió así en el tema migratorio para el que nos pidieron, como Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), participar con una exposición sobre nuevas políticas migratorias en la región México-Centroamérica-EEUU. Mi primera sorpresa fue la extraordinaria semejanza de las políticas migratorias que se imponen en diferentes regiones del mundo. La externalización de fronteras que hace EEUU al sur de México no difiere mucho de la que hace Europa en los países del norte de África. La nueva persecución de la migración desde los países de origen, como los operativos que las policías de países africanos realizan para impedir salir a los migrantes de sus costas, no difieren mucho de lo que EEUU logró que hicieran los gobiernos de Centroamérica contra sus propios migrantes: los operativos del ejército de Honduras en su frontera, la amenaza de una alta funcionaria del gobierno ”izquierdista” de El Salvador de multar a las familias que ”envíen” a sus hijos, o las nuevas tres bases militares que Guatemala despliega en sus fronteras para supuestamente perseguir el ”tráfico”.

En segundo lugar, me sorprendió la semejanza del asociacionismo como respuesta y el interés por aprender de otras regiones. Varias casas de migrantes de países del Magreb se interesaron por la REDODEM (Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes) que en México coordina la base de datos de 13 albergues de migrantes. Las organizaciones de familiares de migrantes desaparecidos, sean africanas o centroamericanas, muestran la misma fuerza de las madres que enseñan con esperanza la foto de sus hijos y se asocian. ”Asociación o muerte” gritaban los obreros pobres en la Primera Internacional. Pero igual que aquellas organizaciones lucharon por no ser correa de transmisión de partidos políticos (conflicto entre Bakunin y Marx), ahora las organizaciones populares deben de luchar por su autonomía respecto a las ONGs, si quieren que el migrante sea sujeto y protagonista, y no solo objeto de estudio y de asistencia. Emir Sader, uno de los que más claramente acusa a las ONGs de controlar el FSM pide sin embargo darle protagonismo a ”los gobiernos progresistas latinoamericanos”, así como a ”Syriza y Podemos”. O sea, seguimos entre Bakunin y Marx, 150 años después. Un ejemplo de estas contradicciones: las organizaciones brasileñas se cobijaban bajo una gran carpa –la Casa do Brasil- cuyo patrocinador figuraba en anuncios y logos: Petrobras.

Pero había una tercera semejanza oculta entre el colorido del FSM: la dignidad humana. Esa misma dignidad humana es la que mueve a varias organizaciones, desde foros anteriores, a proponer la ciudadanía universal. Entre esas organizaciones están el Movimiento Emaús Internacional, CCFD, Organización por una Ciudadanía Universal, y otras. Un pasaporte universal sería el documento jurídico que evitaría la clandestinidad de los migrantes y gran parte de los sufrimientos actuales. Se podría antes dar el paso de otorgar pasaportes por continentes o regiones, como ya existe el pasaporte europeo. Se exige también que se realice una Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre el tema migratorio, que desencadene un proceso participativo de redacción de un Tratado Internacional sobre los Derechos de los Migrantes y la Ciudadanía Universal. Todo esto figura en un documento firmado por muchas organizaciones y que ahora deberá de ser exigido a los Estados. Ecuador, por ejemplo, ha dado su acuerdo para llevar adelante esta iniciativa en el seno de las Naciones Unidas. Otras organizaciones, algunas católicas, temieron una manipulación política y no quisieron ni que se tratara el tema en la Asamblea de convergencia sobre migración. Sin embargo, la ciudadanía universal ya ha sido propuesta por Juan Pablo II:

”La pertenencia a la familia humana otorga a cada persona una especie de ciudadanía mundial, haciéndola titular de derechos y deberes, dado que los hombres están unidos por un origen y supremo destino comunes”. (Mensaje de la Jornada Mundial por la Paz 2005, 6).

Y el Papa Francisco asume también esta posición desde antes de ser Papa, pues está explícita en el documento de Aparecida (año 2007) que pide que la Iglesia ”deberá ahondar su esfuerzo pastoral y teológico para promover una ciudadanía universal en la que no haya distinción de personas” (Aparecida, 443). Y está en la misma línea del llamado constante del Papa Francisco a la fraternidad, como hizo ante el masivo naufragio del 19 de abril: ”los náufragos son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras, que buscaban una vida mejor, buscaban la felicidad”.

La ciudadanía universal es una concreción política de la fraternidad universal, a la que se le acusa frecuentemente de no ser más que un sentimiento. Se dice que solo la libertad y la igualdad han podido ser plasmadas en políticas y leyes, pero se olvida que también la fraternidad se plasmó en leyes (sufragio universal, abolición de esclavitud y de pena de muerte) cuando por primera vez entró esa palabra en una Constitución (Francia, 1848).

3) Balance de 15 años

Después de 15 años es pertinente preguntarse cuánto ha avanzado ese otro mundo posible que se soñaba en Porto Alegre en el año 2001. Dos años después de aquel primer FSM el Partido de los Trabajadores llegaba al poder. Pero hoy muchos dudan que haya servido para hacer posible otro mundo. Uno de los intelectuales del FSM, Boaventura de Sousa Santos, hace un balance crítico de esta fragilidad: ”el mundo es hoy más violento, más injusto y más desigual, y muchos (incluido yo mismo) piensan que el FSM debería haberse renovado durante estos años y vuelto más interventor en la formulación de propuestas y políticas”. Uno de los ocho fundadores del FSM, Chico Whitaker (Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia de Obispos de Brasil), también afirmó que el Consejo Internacional del FSM, que no es un órgano de dirección sino de facilitación, ”está totalmente perdido en cuanto a propuestas”. Es por ello que el futuro del FSM se debate entre los que plantean una refundación que revise el camino andado y los que proponen un rejuvenecimiento creativo con los nuevos indignados. Los primeros -entre los que están Chico Whitaker y Emir Sader- querían que el FSM de 2016 se realizara de nuevo en Porto Alegre. Los segundos, entre los que está el grupo promotor de la sede de Montreal, lograron que el Consejo Internacional acordara esa sede para agosto de 2016. No sabemos si la consigna en Canadá será refundar o reanimar. En todo caso, será la primera vez que se realice en un país del Norte, y eso es ”un buen signo de la renovación de las luchas sociales”, según Chico Whitaker. 

A muy pocos kilómetros de la sede del Foro Social Mundial están las ruinas de Cartago, donde intelectuales cristianos de los primeros siglos, como Tertuliano, Cipriano y Lactancio- desarrollaron un concepto de fraternidad radical como anuncio de otro mundo posible frente a un imperio romano que se desmoronaba. ”Un cristiano no puede odiar ni siquiera a sus enemigos” decía Tertuliano. La teología africana hoy sigue utilizando mucho esa categoría de ”fraternidad”, como lo recordó Benedicto XVI en su viaje a África (Yaundé, 19 de marzo 2009). Pero la fosa común en la que se está convirtiendo el Mediterráneo, con naufragios escandalosos a pocos kilómetros de la costa donde se desarrollaba el FSM, nos indica que estamos muy lejos de esa fraternidad. No solo por parte de los ”enriquecidos” que se atrincheran en las zonas residenciales globales viendo cómo se hunden los empobrecidos, sino también por parte de algunos de estos que no dudan en arrojar por la borda a otros empobrecidos solo porque son cristianos. La crisis de fraternidad es el dato más vergonzoso que el fenómeno actual de las migraciones pone al descubierto. Por ello, ser un espacio de fraternidad universal debería de ser para el FSM un objetivo principal. Una fraternidad que no sea solo sentimiento sino que se concrete en políticas mundiales como la ciudadanía universal en un mundo más justo. Está en juego el naufragio de todos.

Fuente:

  • Servicio Jesuita a Migrantes (SJM)
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Solidaridad, Tercer Mundo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s