Educar para la felicidad

En la web de la agencia de noticias ADITAL, leí este breve texto de Frei Betto que comparto con vosotros. Frei Betto es escritor, autor de “Alfabeto. Autobiografía escolar”, entre otros libros, y animador de distintas redes sociales.

¿Qué es lo que más buscan las personas en la vida? El viejo Aristóteles fue quien primero dio la respuesta: la felicidad, aun si practicaran el mal.

La búsqueda de la felicidad nace del deseo, y el deseo debiera estar canalizado hacia el Absoluto. Pero la cultura consumista que respiramos nos induce a canalizarlo hacia el absurdo y no al Absoluto. Se nos inculca la falsa idea de que la felicidad resulta de la suma de placeres: si tomamos tal bebida, vestimos tal ropa, usamos determinado perfume, poseemos aquel auto, hacemos tal viaje… seremos felices, como los actores y las actrices de los spots publicitarios, que emanan una felicidad desbordante…

Gracias a Dios el mercado no ha logrado ofrecer un producto llamado felicidad. Y resulta imposible saciar el deseo estimulado por la publicidad, e incluso aunque pudiésemos comprar todas las ofertas no seríamos necesariamente felices. Lo cual deja un gran vacío en el corazón. ¿Y en qué parcela de la juventud se podría llenar ese agujero? En la droga.

La droga es la consecuencia obvia de una sociedad que mercantilizó la felicidad e inocula la falsa idea de que ella reside en la posesión de bienes materiales y en situaciones que exaltan la individualidad, como la fama, la belleza, el poder, la riqueza. Y quien no alcance tales iconos será el más infeliz o desgraciado de los mortales.

La felicidad es un estado de espíritu. Pero no suelen acostumbrarnos a ser educados para alcanzar ese estado de espíritu sino para ser consumistas. Son dos seres antagónicos, conflictivos.

¿Entonces dónde encontraremos la felicidad? ¿en los aditivos químicos? Que dan un bienestar de conciencia momentáneo. Que, aunque no sea durable, es mejor que enfrentarse en el espejo con ese ser execrable, incapaz de ser feliz, de establecer relaciones con personas, con la naturaleza, con Dios y consigo mismo.

La escuela es la que tiene que poner como finalidad el formar personas felices, y no mano de obra cualificada para el mercado de trabajo. Le corresponde a la escuela interactuar con el contexto en que vivimos.

Una gran empresa multinacional, de auditoría financiera, dio en Sao Paulo 20 becas para economistas menores de 35 años. Se presentaron 200 candidatos. Hubo una primera selección y quedaron cien. Al entrar al salón, a las 8 am, dijo el instructor: “Sean bienvenidos ustedes, que pasaron la primera selección; vamos con la segunda. Antes de contestar la prueba quédense en pie todos los que esta mañana no han visto, oído o leído el noticiero por la radio, la televisión, los periódicos o internet”. Se quedaron en pie más de la mitad. “Gracias. Ustedes pueden salir ya”. “¿Pero por qué”, preguntaron algunos. “Porque a la empresa no le interesan profesionales indiferentes a lo que sucede en el Brasil y en el mundo, desconectados de la realidad”.

El papel del educador es conectar a educandos y educadores con la realidad e imprimir a sus vidas el sentido de querer transformarlas para poner las bases de la civilización del amor y la justicia.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Educación. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s