Porque es posible, nadie sin hogar

Carlos Fernández Llaneza escibe hoy, en su columna semanal “El Otero“, de La Nueva España, un breve y sencillo artículo sobre las personas sin hogar. Comparto lo que expone.

Pocas cosas más duras se me ocurren que verte obligado a vivir en la calle. Solo. Desamparado. Abatido por algún viento recio y adverso. Olvidado. La dignidad pisoteada. Con un pasado que te olvida y al que, imagino, te gustaría borrar. Con un presente desgarrador y vacío. Sin futuro. Invisible? Y, sin embargo, esa es la realidad que asuela diariamente a muchos conciudadanos nuestros. Ahora debería contar que el pasado 29 se conmemoró el día de las personas sin hogar y que Cáritas, ese “Pepito Grillo” esencial, presentó su campaña: “Porque es posible, nadie sin hogar”. Debería decirles que ese día tiene como objetivo recordar a la opinión pública que, el hecho de que todas las personas tengan un hogar, es un derecho por el que Cáritas lucha. También pretenden hacer un llamamiento a las administraciones públicas para que desarrollen políticas sociales comprometidas; a fin de cuentas, son éstas las que deben velar por sus ciudadanos, ¿no? Y a los medios de comunicación para que se impliquen con un enfoque sensible. ¿Y a nosotros? Pues nos piden comprender que no hay derechos para unos y “sobras” para otros. Todos somos poseedores de los mismos derechos en tanto que somos seres humanos. Que participemos en movimientos sociales y ciudadanos para modificar un modelo social que favorece el sostenimiento de la exclusión social. Que seamos agentes movilizadores de esperanza, lo que nos llevará a denunciar, exigir y reclamar esos derechos. Les podría dar las cifras, normalmente, frías y asépticas; por ejemplo Cáritas, a través del albergue de transeúntes, atendió en lo que va de año a 832 personas. En la casa de acogida, donde albergan a personas en estancia de medio y largo plazo, a 53. Y 13 familias han sido alojadas en los apartamentos del Cano Mata. Datos elocuentes que hablan por sí solos y que denotan, claramente, la importancia y necesidad de esa vocación y compromiso de Cáritas con los más desfavorecidos.

Pero no creo que todo eso sea lo más importante que les pueda contar; al fin y al cabo, toda esa información la tienen a golpe de clic. Quizá lo más importante sea lo que no sé contar. Porque cómo contar lo que sientes cuando vas al albergue y miras cara a cara a los que allí están. Cómo contar lo que sientes cuando intentas, aun de lejos, asomarte a las terribles historias que les han hecho tocar fondo. Cómo imaginar, siquiera, la vida tan dura que, seguramente, haya detrás de cada uno de esos rostros a los que te da cierto pudor mirar.

Es difícil ponerse en una situación así. Muy difícil. Pero en el fondo, lo que te asusta es pensar que podrías ser tú. Una sucesión de extrañas carambolas de la vida y?

Pertinentes palabras las del Papa Francisco a un grupo de doscientas personas sin hogar en Washington: “Quiero ser muy claro. No hay ningún tipo de justificación social, moral o del tipo que sea para aceptar la falta de alojamiento. Son situaciones injustas”.

Ahora que vamos camino de la Navidad, no estará de más, si ponemos el Nacimiento en casa, recordar que el propio Jesús vino a este mundo como un “sin techo”. Quizá eso nos ayude a acercarnos, a comprender y, el que pueda, a comprometerse con este problema y ser conscientes de que, efectivamente, ¡porque es posible, nadie sin hogar!

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