La revolución de los cuidados

Este texto es un fragmento de la Reflexión de Fin de Año que, como todos los años ha elaborado “Cristianisme i Justicie”. Quien tenga interés en conocerla completa, puede acceder a ella a través de su web

Cuidado, afecto y ternura son valores atávicamente atribuidos a las mujeres pero ni el mundo se puede permitir que el 50% de la humanidad delegue estos valores en las mujeres, ni los hombres se pueden permitir renunciar a los beneficios que para su vida puede suponer cuidar a los demás.

Para poder hacer realidad la revolución de los cuidados, para poder construir unas relaciones humanas más justas e igualitarias, hay que desenmascarar las desigualdades que nos atraviesan. Por lo tanto, hay que buscar la encrucijada entre una vida basada en la igualdad entre mujeres y hombres, en los derechos sociales, políticos y económicos, en la libertad, en la redistribución de la riqueza y del trabajo, en el fortalecimiento de los servicios públicos, etc., y una vida centrada en el cuidado y en la interdependencia. Porque no puede haber una verdadera justicia social si por el camino dejamos de cuidar a las persones que nos rodean… o si los cuidados recaen exclusivamente en las mujeres.

Solo encontrando el equilibrio entre identidades relacionales (tradicionalmente vinculadas con la feminidad) e identidades individualizadas (ostentadas históricamente por los hombres a través del mantenimiento del poder y el privilegio y de su apropiación del espacio público)[1], encontraremos la vía para desarrollar esta ética del cuidado y de la responsabilidad colectiva que tan acertadamente describe la filósofa Carol Gilligan:

“En un contexto patriarcal, el cuidado es una ética femenina. Cuidar es lo que hacen las buenas mujeres, y las personas que se encargan de ello realizan una tarea femenina; están consagradas al prójimo, pendientes de sus deseos y necesidades, atentas a sus preocupaciones; son abnegadas. En un contexto democrático, el cuidado es una ética humana. Cuidar es lo que hacen los seres humanos; cuidarse de uno mismo y de los demás es una capacidad humana natural. La diferencia no estaba entre el cuidado y la justicia, entre las mujeres y los hombres, sino entre la democracia y el patriarcado”.

Socializar el cuidado es, por lo tanto, la clave para “hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad” de forma colectiva y para construir una verdadera democracia. Por eso hay que concienciarse de que somos seres vulnerables y de que la atención a esta vulnerabilidad es una responsabilidad social. El cuidado es cosa de todos y todas. Nos va en ello la sostenibilidad de la vida.

***

[1] Identidades descritas por la antropóloga Almudena Hernando.

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