No tenemos sueños baratos

Seguro que todos reconocéis la frase que forma parte de un anuncio publicitario. Partiendo de la misma, Santi Torres, hace un sencillo análisis de la desigualdad en nuestro mundo. Este breve artículo lo he encontrado en el blog Gastar la vida.

Hay loterías que, como reza el tópico, distribuyen premios para “tapar agujeros”. Las hay, sin embargo, que utilizan como cebo premios multimillonarios, premios con un montón de ceros, tantos que los que aún traducen en pesetas acaban medio mareados. Estos premios se publicitan mediante spots que día y noche, ya sea a través de la radio o la televisión repiten hasta la saciedad canciones y frases del tipo: No tenemos sueños baratos, Ay si te toca, ¿Qué harías si te tocara la Primitiva?…

En ellos siempre aparece gente “normal”, tirando a “sencilla”, que expresan deseos y anhelos que nada tienen que ver con “tapar agujeros”, sino que hablan de yates privados, joyas, viajes impresionantes, mansiones con nombre, etc. Sí, exactamente, hablan de la vida que llevan aquel 1% de la población mundial que según el último informe de Oxfam Intermón posee más riqueza que el 99% restante.

Quizás no podamos hacer de la anécdota categoría, pero para aquellos que vemos en la publicidad algo más que un divertimento inocente, no nos puede dejar de sorprender que en un spot se plantee como horizonte o ideal un nivel de vida tan alejado de las personas a las cuales va dirigido el anuncio. Implícito a un mensaje de este tipo está el asumir como irreversible una desigualdad creciente, tan creciente que la lotería se convierte en la única forma de poder saltar el abismo social.

Foessa, en su informe del año 2014 hablaba de la evolución del nivel de integración de nuestra sociedad durante los años 2007-2013. Los datos eran claros e inquietantes. El nivel de exclusión severa y moderada afectaba ya a más de un 25% de la población (1 de cada 4 personas), y la integración precaria crecía del 33% (2007) hasta el 40% (2013). Solamente un 34% de la población española tenía un nivel de integración plena. Foessa ponía, pues, cifras a aquello que ya se conoce como el “adelgazamiento” de la clase media y el crecimiento del precariado y la exclusión social.

Ante ello nos encontramos en la disyuntiva de intentar recuperar los niveles de integración y desigualdad anteriores a la crisis, en ningún caso satisfactorios, pero si más esperanzadores, o abrir un horizonte de dualización social tan grande que solamente sea superable gracias a un premio millonario. Repito que lo más grave de esto es la asunción por parte de capas amplias de nuestra sociedad, de este estado de cosas como permanente e irreversible, como si conceptos como “ascensor social”, igualdad de oportunidades, redistribución de la riqueza, derechos sociales… formasen parte de un mito antiguo y extraño, cuentos de gente mayor. La asunción, en definitiva, de que el nivel ideal de vida ideal sea el del 1% y que por tanto, todo se juegue no en el hecho de intentar construir una sociedad más igualitaria sino en el hecho de intentar pertenecer a la minoría afortunada.

Me gustaría que algún publicista fuera capaz de idear una campaña con un relato bien diferente. Yo tampoco tengo sueños baratos y aún menos fáciles, pero aún nos queda el derecho a soñar en una sociedad diferente, más justa y solidaria, donde se pueda vivir dignamente sin necesidad de que te toque ninguna lotería.

 

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