Sepultados por nuestra propia basura

Este artículo de Álvaro Herrero fue leído en el Boletín semanal de Justicia y Paz, en él se analiza, a la luz de la encíclica Laudato si, uno de los problemas de la sociedad de consumo o de la sociedad del despilfarro: la basura.

 “Se producen cientos de millones de toneladas de residuos por año, muchos de ellos no biodegradables: residuos domiciliarios y comerciales, residuos de demolición, residuos clínicos, electrónicos e industriales, residuos altamente tóxicos y radioactivos. La tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”

Estas son algunas de las palabras que nuestro clarividente Papa Francisco dedica a la problemática de los residuos en su encíclica Laudato Si.

Según los últimos datos publicados[1], en España, pese a la mejora progresiva, todavía generamos anualmente 435 Kg de basura por persona. En Europa, este dato se eleva hasta 475 Kg, manteniéndonos a niveles del año 1995. El dato absoluto nos habla de que en 2014 (último dato disponible) se generaron en Europa 239 millones de toneladas de residuos, suponiendo 14 millones de toneladas más que en 1995.

El problema no es sólo la tremenda cantidad de residuos, de los que es cierto que una parte (27,6%) se reciclan, sino todos aquellos que no siguen los cauces establecidos y no son tratados de acuerdo con los protocolos definidos. Estamos hablando por ejemplo de todo el plástico que acaba en nuestros océanos. Según difundía recientemente Avaaz en una de sus campañas[2], “para 2050 habrá más plástico que peces en nuestros océanos”. Parte de estos residuos se han acumulado en la que se conoce como “la gran Sopa de Plástico” o “la Gran Mancha del Pacífico”, que según se ha estimado[3] ocupa hasta 3,4 millones de kilómetros cuadrados (siete veces la extensión de España) y pesa unos 3,5 millones de toneladas.

Otra importante problemática asociada a los residuos a nivel internacional es el envío de residuos desde los países desarrollados a los países pobres. En este sentido cabe destacar la problemática de los residuos nucleares enviados a otros países para ser enterrados bajo tierra, sin ningunas garantías y así ahorrarse el coste de su correcto procesado o almacenamiento[4]. Con la misma filosofía, cantidades ingentes de residuos electrónicos son enviados a otros países, provocando tremendos daños humanos y medioambientales. Las altamente tóxicas y contaminantes sustancias que incorporan los productos electrónicos que cada vez consumimos más ávidamente terminan dañando a la población de países del Sur que procesan estos componentes sin ningún tipo de protección in medios. Por ofrecer un dato, se estima que la basura electrónica alcanzará los 50 millones de toneladas en 2017 y según el programa medioambiental de Naciones Unidas, el 90% de ella es gestionada ilegalmente[5]. Se calcula que el tráfico ilegal de esta basura electrónica mueve ya más dinero que el negocio de la droga[6].

A estos hechos también la encíclica Laudato Si se refiere, de la siguiente manera: “hacen falta marcos regulatorios globales que impongan obligaciones y que impidan acciones intolerables, como el hecho de que empresas o países poderosos expulsen a otros países residuos e industrias altamente contaminantes”

Resulta sorprendente que a día de hoy haya una necesidad de estos marcos regulatorios y todavía más que incluso los existentes no sean cumplidos; tal es el caso de los Estados Unidos de América que, junto con Haití, es el único país que no ha firmado la convención de Basilea, que prohíbe la exportación de residuos peligrosos[7].  

A modo de conclusión, conviene destacar que, como viene ocurriendo desde hace ya mucho tiempo, son los que menos tienen quienes acaban pagando las consecuencias del ritmo de vida y consumo de los que más tenemos. Pero siempre hay algo que podemos (y debemos hacer); un estilo de consumo responsable y sostenible, así como planteamientos de decrecimiento son las mejores soluciones a gran escala para esta problemática. Cada uno de nosotros está llamado a realizar su contribución para solucionar este problema y así no seguir contribuyendo a convertir nuestro planeta en un gran depósito de basura.

[1] Municipal Waste Statistics. Eurostat (datos actualizados a marzo de 2016). http://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php/Municipal_waste_statistics

[2] Un océano sin plástico. https://secure.avaaz.org/es/oceans_plastic_loc/ (2016)

[3] El «séptimo continente»: un basurero flotante en el Pacífico. http://www.abc.es/20120416/ciencia/abci-septimo-continente-basurero-flotante-201204161033.html (2012)

[4] “Toxic Somalia” – La Noche Temática http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/noche-tematica-toxic-somalia-avance/1117481/

[5] Illegally Traded and Dumped E-Waste Worth up to $19 Billion Annually Poses Risks to Health, Deprives Countries of Resources, Says UNEP report http://www.unep.org/newscentre/default.aspx?DocumentID=26816&ArticleID=35021

[6] Documentos TV estrena “La tragedia electrónica”, secuela del galardonado “Comprar, tirar, comprar” http://www.rtve.es/television/20140528/documentos-tv-estrena-tragedia-electronica-secuela-del-galardonado-comprar-tirar-comprar/943798.shtml

[7] Parties to the Basel Convention on the Control of Transboundary Movements of Hazardous Wastes and their Disposal http://www.basel.int/Countries/StatusofRatifications/PartiesSignatories/tabid/4499/Default.aspx

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