CINCUENTA AÑOS DE “CARTA A UNA MAESTRA”

Hace cincuenta años, en 1967, veía la luz el libro Carta a una maestra escrito por los alumnos de Barbiana. Aprovechando esta conmemoración, Manu Andueza, publica en el blog de cristianismeijusticia este interesante artículo.

Barbiana es una pequeña localidad italiana a la que en 1954 llegó como sacerdote Lorenzo Milani. Milani enseguida descubrió que más que un cura, lo que necesitaba la población era un maestro, motivo por el cual organizó una escuela. Unos años después, siguiendo su método de escritura colectiva, sus alumnos, tras analizar la situación de la educación, escribían Carta a una maestra.

Se trata de un libro que debería ser de obligatoria lectura para todos aquellos que quieren dedicarse al mundo de la educación. Se trata de un libro que, desgraciadamente, a pesar de haber pasado ya cincuenta años desde que se escribió, es de una tremenda actualidad. Y digo desgraciadamente, porque indica lo poco que hemos avanzado, a la par que el largo camino que nos queda para mejorar.

En repetidas ocasiones el papa actual ha citado a Milani como modelo de educador. Cuánto le hemos aplaudido, qué poco caso le hemos hecho.

Carta a una maestra pone de manifiesto elementos obsoletos de la educación, cita los peligros de una educación clasista que permite que el mundo continúe igual. Nosotros hoy seguimos con esa educación. Una educación más preocupada en llegar a unas competencias, en cumplir objetivos, en pasar pruebas que en descubrir -como decía Milani- que la vocación de todo ser humano no es otra que ser buena persona.

¿Y cuáles son algunas de las claves que nos aporta Carta a una maestra?

-Para empezar, valorar el progreso, no el conocimiento. Nuestra educación sigue siendo una educación de límites, no de libertad ni de acompañamiento ni de alegría. Cuántos niños y niñas sufren en nuestro sistema a pesar de su esfuerzo, de su progreso. Pasar de 1 a 4 es más que sacar un 5 en muchas ocasiones. Pero no ha llegado. Bonita falacia sobre el esfuerzo y el crecimiento.

-Ir al ritmo del último. Que nadie quede descolgado. Los que sepan que ayuden a los que no saben. Pero no se avanza hasta que todos lo hemos entendido. Por eso Barbiana grita un fuerte no a las repeticiones, a las discriminaciones. ¿Cómo puede ser que nuestra educación obligatoria se base en un sistema de separación, de segregación, de distinción? ¿Obligatoria para qué? ¿Para quién? ¿Son realmente iguales nuestras escuelas? ¿Es justa la selección del alumnado? Bajo una pretendida libertad de elección negamos la posibilidad de igualdad a los más pobres. ¿O es que de verdad nos creemos que a ellos no les gustarían los centros de élite para sus hijos?

-Todos son expertos en algo. Se trata de una realidad y de una firme convicción y creencia en el ser humano. Todos podemos aprender. Si no es así el problema es de motivación, el problema es del sistema, pero el problema no es tan sólo del alumno. Diferentes experiencias educativas en nuestro país así lo demuestran. Pero mantenemos un sistema único, con una manera única para todos. ¿Es esto realmente justo?

-Una educación que sea útil para el mundo real. Si en algo insistía Milani era en estudiar el mundo real, en analizar lo que pasa, en ver por qué ocurren las cosas. La escuela no puede ser un sistema alejado de la realidad. ¿Dónde estudiar economía, política, justicia, sino en la escuela? Fue después de analizar la situación de las últimas guerras italianas con sus alumnos, cuando Milani escribió el primer texto en Europa invitando a la objeción de conciencia ante el ejército. Está recogido en su Carta a los jueces. Allí nos recuerda que la obediencia es sólo a los pobres. ¿Quién sigue muriendo en nuestras guerras? ¿No tenemos nada que decir desde las escuelas?

-Dar la palabra a los pobres. Si algo valora Milani es el hecho de dar la palabra a los pobres. De darles la opción de razonar, de defenderse, de explicarse.

Los alumnos de Milani, alguno de ellos experto en economía mundial, otro líder sindical, otro traductor de hasta cinco idiomas avalan su manera de educar, donde otra educación es posible y necesaria.

Releer Carta a una maestra es cuestionarse cuándo nos tomaremos la educación en serio. Cuándo haremos un pacto real, cuándo saldremos a las calles de verdad todos juntos para decir que esto no sirve, que tenemos que generar otro sistema.

Releer Carta a una maestra es preguntarse por la finalidad de la educación, por su sentido, por la razón de la misma. Y siguiendo a Milani, la educación tiene que servir para dar más oportunidades a quienes menos tienen, para hacer un mundo diferente, donde la solidaridad sea el modo habitual de relacionarnos. Para ello hay muchas cosas que cambiar, desde el currículum a la forma de evaluación, desde la manía de cuantificar todo y hacer estadísticas y otras herramientas que pisan la conciencia y la humanidad de nuestros alumnos hasta la estructura de nuestros centros.

Se impone ya la necesidad de otra educación posible. Releamos Carta a una maestra desde esta óptica y seamos valientes como lo fue Milani -como nos invita Francisco- y dejemos de hablar de lo que deberíamos hacer para pasar a hacerlo en nuestras escuelas.

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